Hay que tener mucho cuidado al dar ciertas cosas por supuestas, sobre todo en lo que se refiere a cultura, conocimientos y todo lo que atañe a la materia gris in yeneral, porque podemos ir por la vida mirando desde un monóculo a los tronistas de Mujeres y Hombres y Viceversa y de repente ¡oh, terror! resulta que no nos diferenciamos tanto como nos gustaría de ciertas gurús del maquillaje en youtube. Así me ha pasado a mí, que estaba convencida de que había leído ya David Copperfield hasta que este verano encontré una edición en la aldea en cuatro volúmenes y, tras rascarme mucho la cabeza y hacer un gran esfuerzo mental, caí en la cuenta de que las chorrocientas páginas de letra minúscula no podían, literalmente (y nunca mejor dicho lo de literalmente) caber en la bonita edición ilustrada que había leído yo en mi infancia (ni, aunque esto ya lo había discurrido yo antes, en su versión por entregas convertida en cómic que venía con “El libro gordo de Petete”). Así que me he puesto a leer David Copperfield con ojos de adulta y un poco en previsión de, en algún momento de los próximos años, leer “The crimson petal and the white” (que me encantó la serie y las axilas peludas y los lavados de vagina con lejía de Romola Garai), de la que en algún momento escuché decir que sería la novela que hubiese escrito Charles Dickens de no estar sujeto a censura y autocensura, a su tiempo y espacio y todo eso (cosa que supongo que es bastante absurda, tipo “Shakespeare hoy en día trabajaría en HBO”, pero como frases promocionales no están mal). Entotal, que me ha encantado David Copperfield porque leerla es un placerazo aunque sepas de antemano lo que se avecina y porque en las versiones infantiles y en las películas mil veces vistas no aparecía ese humor tan fino y maravilloso que, incluso, en algunas partes como en la descripción del romance con Dora, me hacía troncharme. He gozado mucho al enterarme exactamente de cuál era el pecado de Emilita y por qué era tan terrible lo que había hecho, porque en mi inocencia infantil no llegué nunca a descifrar si Steerforth la secuestraba, se iba ella por sus propios medios, por qué era tan terrible que se hubiese largado, si terminaba haciéndose puta o qué pasaba con ella. De todos modos no puedo evitar cometer un terrible error, que es juzgar a un clásico con la chorri-moral que tenemos hoy en día, y así encuentro que en realidad Uriah Heep es un héroe moderno que no se conforma con su situación social y hace todo lo posible por ascender, lo que lo convierte en alguien terriblemente interesante; que Emilita es víctima de la terrible moral de su tiempo por ser lo que somos todas hoy en día: una mujer perdida (aquí es especialmente patente lo importante que ha sido la revolución feminista y lo cómodas que nos permite vivir nuestras vidas –siempre que no seamos pobres, claro, que eso será pecado para siempre-, a la vez que me hace plantearme qué cosas son pecados hoy en día y dentro de cien años no lo serán, y si habrá gente en el futuro que dirá “pero qué carcas eran los de principios del siglo XXI, tron, que no permitían el matrimonio entre hombres y burros”), y que hay algo siniestro y terrible en que David se enamore de una persona con la inteligencia y cultura de una cabra –la bella y pequeñita, pequeñita, Dora- y que en el momento en el que este matrimonio empieza a convertirse en una carga su esposa, muy oportunamente, se muera sin una queja bendiciendo además el futuro romance de su viudo con Agnes (a la que siempre he imaginado un poco como Olivia de Havilland-por cierto que debido a sus recientes declaraciones en Vanity Fair al pérfido señor Murdstone lo imaginaba con la cara de Sebastián Palomo Linares-), cuyo papel en la novela se resume en ser poco más que un marshmallow. Y toda esta historia sentimental de David, además, se me antoja bastante incestuosa con esta primera esposa que es “mi niña-mujer” y su segunda esposa que es “mi querida hermana Agnes”. Así que me muero por saber de interpretaciones de la novela a los ojos del psicoanálisis, del movimiento feminista, de la posmodernidad y demás zarandajas condenadas por el papismo. Y en resumen, me ha gustado tanto y he disfrutado tanto de esta lectura, que puede que durante los próximos meses me dedique exclusivamente a leer historias de niños vendidos como esclavos y fortuitos encuentros con petimetres que marcan para siempre tu destino.
Thursday, December 29, 2011
Wednesday, December 14, 2011
No leerás la Biblia por su prosa
Con esto de que una de las series de la temporada, American Horror Story, se dedica a meter en la túrmix todo tipo de ingredientes y a fusilar directamente la música y las argucias de películas clásicas para crear una macedonia de horror bien aparente, me he puesto a revisar una de esas biblias cargadas de datos y referencias que deberían estar en todo hogar de bien: Danza Macabra, de Stephen King.
Es una pena que el libro haya sido escrito en 1981; me retuerzo de placer sólo de pensar en la de cosas divertidas que podría haber dicho el señor King sobre las cosas interesantes que han pasado en el género desde entonces (y sobre las que le han pasado a él mismo, atropello incluido), pero aún así sus análisis sobre los subtextos del horror y tal y cual son atemporales y da gusto ver lo bien qué se explica y lo convencidos que nos deja con sus argumentos, que dan ganas de aplaudirle hasta cuando habla de la radio clásica americana, tema del que no tenemos ni idea –bueno, yo no tengo ni idea de casi nada de lo que habla, en realidad- pero creemos a pies juntillas todo lo que cuenta.
Siempre que ojeo/hojeo el tocho acabo releyendo una parte que encuentro especialmente escalofriante y divertida, además de que ilustra muy bien esa conexión entre el cuento de hadas ancestral (¡hola, “Psicoanálisis de los cuentos de hadas”!) y la película de terror contemporánea. Aquí les copio sin pudor el fragmento, igual que copia sin pudor American Horror Story la música de Drácula o la de Vértigo:
“De modo que, antes de seguir avanzando, tengo un pequeño pasatiempo para usted. Busque un papel y algo para escribir y vaya apuntando sus respuestas. Veinte preguntas; súmese cinco puntos por cada pregunta acertada. Si no pasa de los 70, debería volver para hacer un postgraduado en películas de auténtico miedo… aquellas que nos asustan sólo porque nos asustan.
- Érase una vez que el marido de una dama ciega campeona del mundo tuvo que ausentarse una temporada de casa (para matar un dragón o algo por el estilo) y un hombre malvado llamado Harry Roat, que venía de Scarsdale, vino a verla mientras el marido no estaba.
- Érase una vez tres niñeras que salieron de casa una noche de Halloween, y sólo una llegó viva a Todos los Santos.
- Érase una vez una dama que robó cierta cantidad de dinero y que pasó una noche no demasiado encantada en un motel poco transitado. Todo parecía normal hasta que apareció la madre del propietario del motel; mamá hizo algo muy feo.
- Érase una vez unos señores muy malos que trastearon con los conductos de óxigeno en la sala de operaciones de un importante hospital y mucha gente se echó a dormir durante mucho, mucho tiempo… igual que Blancanieves. Sólo que estos nunca volvieron a despertar.
- Érase una vez una chica muy triste que iba a los bares a buscar compañía, porque cuando volvía a casa acompañada de un hombre no se sentía tan triste. Pero una noche escogió a un hombre que llevaba puesta una máscara. Debajo de la máscara estaba el hombre del saco.
- Érase una vez unos valientes exploradores que aterrizaron en otro planeta para ver si alguien necesitaba ayuda. Nadie la necesitaba, pero para cuando hubieron despegado de nuevo, descubrieron que se habían llevado consigo al coco.
- Érase una vez una triste dama llamada Eleanor que fue a vivir una aventura en un castillo encantado. En el castillo encantado, Lady Eleanor no estaba tan triste, pues allí hizo nuevos amigos. Sólo que los amigos se marcharon y ella se quedó… para siempre.
- Érase una vez un joven que intentó traerse a su país cierta cantidad de polvos mágicos de otro país a bordo de su alfombra voladora. Pero fue capturado antes de poder montarse en su alfombra mágica, y los malvados le quitaron los polvos mágicos y le encerraron en una terrible mazmorra.
- Érase una vez una niña pequeña que parecía muy dulce, pero que en realidad era muy perversa. Encerró al conserje en su cuarto e incendió su cama de madera altamente inflamable porque se habían portado mal con ella.
- Érase una vez dos niños pequeños, muy parecidos a Hansel y Gretel, cuyo padre murió y cuya madre se volvió a casar con un hombre perverso que pretendía ser muy bueno. Este hombre perverso tenía la palabra AMOR tatuada en los nudillos de una mano, y ODIO tatuadaza en los de la otra.
- Érase una vez una señora americana que vivía en Londres y cuya cordura estaba en tela de juicio. Le pareció haber visto un asesinato en la vieja casa abandonada de al lado de la suya.
- Érase una vez una dama y su hermano que fueron a poner flores en la tumba de su madre y el hermano, al que le gustaban las bromas de mal gusto, la asustó diciendo: “Vienen a por ti, Barbra”. Sólo que esta vez resultó que sí venían a por ella… pero antes le pillaron a él.
- Érase una vez que todos los pájaros del mundo se volvieron locos y empezaron a matar a las personas porque estaban bajo un malvado hechizo.
- Érase una vez un demente con un hacha que empezó a cortar en pedacitos a toda su familia, uno tras otro, en una vieja casa irlandesa. Cuando le cortó la cabeza al guardián de la finca, ésta cayó rodado en la piscina familiar. ¿Verdad que fue divertido?
- Érase una vez dos hermanas que se hicieron mayores juntas en un castillo encantado en el Reino de Hollywood. Una de ellas había sido famosa en el Reino de Hollywood, pero de eso hacía ya mucho, mucho tiempo. La otra estaba condenada a una silla de ruedas. ¿Y saben lo que pasó? ¡Que la hermana que podía caminar le sirvió a su hermana paralítica una rata muerta para cenar! ¿Verdad que fue divertido?
- Érase una vez un vigilante de un cementerio que descubrió que si clavaba alfileres negros en las plazas vacantes en su mapa del cementerio, la gente que había comprado dichas plazas moría. Pero cuando retiró los alfileres negros y los sustituyó por alfileres blancos, ¿sabéis lo que pasó? ¡Que la película se convirtió en una mierda! ¿Verdad que fue divertido?
- Érase una vez un hombre malvado que raptó a la princesa y la enterró viva… o al menos, dijo haberlo hecho.
- Érase una vez un hombre que inventó unas gotas mágicas para los ojos, y podía utilizarlas para ver a través de las cartas de otras personas en Las Vegas y ganar un montón de dinero. También podía usarlas para ver a través de los vestidos de las chicas en las fiestas, lo que quizá no sea demasiado educado, pero, un momento. El hombre seguía viendo más… y más… y más…
- Érase una vez una dama a la que le tocó hacerse cargo del hijo de Satanás, el cual la tiró por encima de una barandilla con su triciclo. ¡Se puede ser más malo! Pero después de todo, mamá tuvo suerte. ¡Como murió poco después, no tuvo que participar en la secuela!
- Érase una vez unos amigos que se fueron a hacer una excursión en canoa por un río mágico, y unos hombres malvados vieron que se estaban divirtiendo y decidieron encargarse de ellos. Porque los hombres malvados no querían que los otros tipos, que venían de la ciudad, se lo pasaran bien en su bosque.”
A continuación, las respuestas:
1. Sola en la oscuridad
2. La noche de Halloween
3. Psicosis
4. Coma
5. Buscando al señor Goodbar
6. Alien, el octavo pasajero
7. La mansión encantada
8. El expreso de medianoche
9. The Bad Seed
10. La noche de cazador
11. Una hora en la noche
12. La noche de los muertos vivientes
13. Los pájaros
14. Dementia-13
15. ¿Qué fue de Baby Jane?
16. Entierro a los vivos
17. Macabre
18. El hombre con rayos x en los ojos
19. La profecía
20. Deliverance
Friday, November 25, 2011
Entonces Mullet decidió vengarse

Sunday, November 13, 2011
En la tableta de sugar
Wednesday, November 02, 2011
Ni una, ni grande ni libre
De la entrevista con Francis Franco, el nieto de Franco, en el último número de Vanity Fair no ha hecho que se me caiga el monóculo ninguna de sus previsilísimas y poco originalísimas declaraciones (España está fatal, mi abuelo no era un dictador, en el Azor se hablaba euskera, con Franco vivíamos mejor… un hermoso ejercicio de reconstrucción histórica que permite hondas reflexiones acerca de qué es la verdad, la imposibilidad de acercarse a ella y cómo varían las cosas según quién las cuente, una especie de Rashomon de la historia reciente de España), sino una foto de un detalle decorativo de su hogar: unos ceniceros hechos con garras de león, no de un león cualquiera, claro, sino una pieza cobrada en una cacería en algún país africano de esas por las que por el privilegio de matarlas tienes que pagar el equivalente al presupuesto anual de la reserva de fauna en la que se crían.
Aquí tienen la imagen en cuestión, fotografía de una fotografía de un cenicero-garra de león sobre una mesa Lak de IKEA. Un contraste decorativo y de status muy representativo del signo de los tiempos.
El resto de la página está compuesta de una foto de la capilla familiar de esas en las que un cura amigo de la familia oficia bodas, bautizos, comuniones y misas de responso; un detalle de una pared llena de calaveras de corzos fruto también del talento cinegético de la familia y una bella estampa de Francis con su perro “Bubi”. El tema del amor de las clases altas (dígase con tono así como de quién va a asaltar el Palacio de Invierno) por sus perros y caballos daría para un sesudo tratado sobre psicología humana y símbolos de status que igual un día me animo a escribir (ya tengo decidida la portada, que sería la foto de Pitita Ridruejo con uno de sus perros que ella misma eligió para portada de sus indescriptibles memorias). Y aunque los Franco no son aristócratas en plan Downton Abbey (de hecho el origen de su fortuna y ascenso social haría arrugar la ceja a más de un personaje de la serie), Francis también dedica parte de la entrevista a nombrar a sus mascotas favoritas con nombres –y casi apellidos-, carácter y aficiones. Y esto entronca directamente con la portada de la revista, un maravilloso retrato con reminiscencias de Luis XV de lo más aristócrata y over the top que se puede ser en esta vida, que es ser nominal rey de Francia en el exilio: Luis Alfonso de Borbón, que además también es sobrino de Francis Franco. Y dejándolo todo así de bien hilado y bien traído –perros, aristocracia y Carmen Martínez Bordiú-, finiquitamos esta entrada.
Wednesday, October 05, 2011
Siempre para mí eres lo primero y aunque falte el dinero te quiero
Monday, October 03, 2011
Timberlake emasculado
Sunday, September 25, 2011
En esto creo
Friday, September 16, 2011
... pero se casan con las morenas
Hay muchos libros clásicos cuyos personajes mantienen plena vigencia hoy en día. Podemos sentirnos identificados con sus pasiones, problemas y personalidad e incluso algunos han pasado a ser arquetipos en los que reflejarnos. Sin embargo, hay otros personajes cuya gracia está, precisamente, en lo demodé de su planteamiento –tan demodé como la propia palabra- y en que no puedan comprenderse más allá de un contexto muy concreto. Son imágenes vivas de una época que no hemos podido conocer con un delicioso sabor añejo. Esto es lo que le ocurre a la Lorelei Lee de Los caballeros las prefieren rubias.
Hollywood, años 20. Por si estas palabras no fueran suficientemente evocadoras, añadámosle la pequeña –por bajita, no por importancia– figura de Anita Loos, escritora, guionista y amiga de algunos de las estrellas de cine más importantes de su tiempo. Ella misma cuenta en el prólogo de su libro cómo la idea de la novela surgió durante un viaje en tren desde Nueva York a Los Ángeles, en el que una joven compañera de vagón recibía todas las atenciones y cuidados de la mayoría masculina de los pasajeros. Intentando explicarse el por qué, llega a la siguiente conclusión: “¿Por qué esa chica me daba cien vueltas en atractivo femenino? ¿Estaría su fuerza (como la de Sansón) en el pelo?”. Naturalmente, se trataba de una rubia. Y de tan en apariencia simple premisa nace una de las novelas de humor más descacharrantes, incisivas y ácidas del siglo pasado.
Los caballeros las prefieren rubias está narrada en primera persona por su protagonista, la rubia Lorelei Lee, una bella jovencita con la cabeza a pájaros, muchas ganas de medrar y decidida a cumplir el deseo de cualquier chica de bien de Little Rock, Arkansas: pescar un buen marido. A Lorelei naturalmente la mantienen hombres de buena posición que acuden a Nueva York en busca de diversiones. El tiempo que no está con ellos lo dedica a ir de compras, acudir a fiestas en las que se bebe alcohol destilado en bañeras de mármol y a escribir sus reflexiones sobre la vida en su diario, que nosotros leemos complacidos. Muy pronto su protector la hará emprender un viaje por Europa con su amiga Dorothy Malone, el contrapunto inteligente y cínico a la cándida Lorelei. Olviden la película de los años cincuenta: no tiene más interés que un par de buenas canciones pegadizas y el disfrutar a Marilyn Monroe y Jane Russell, siempre tan agradecidas a la vista. La verdadera chicha de Los caballeros las prefieren rubias no está en las peripecias de las protagonistas, sino en cómo se cuentan estas peripecias, con un lenguaje que es una verdadera obra maestra de agudeza psicológica y sentido del humor.
La novela fue un éxito instantáneo que se tradujo y reimprimió infinitas veces. Años después, animada por sus amigos y editor, Anita Loos escribió una segunda parte, Pero se casan con las morenas, en la que Dorothy Malone cuenta su propia historia, desde su nacimiento en un circo ambulante de California hasta convertirse en una flapper de las Follies de Nueva York. Una historia de éxito y superación personal al estilo de los hombres hechos a sí mismos tan queridos por la mística norteamericana, pero restándole seriedad, épica y grandilocuencia. Anita Loos se ríe del sexo, de la white trash y de la hipocresía de una sociedad pacata en plena ley seca. En algunos países, como la Unión Soviética, la novela se leyó como una muestra de explotación femenina por parte de una sociedad machista y violenta. Hay bastante de verdad en eso; las trayectorias de las protagonistas podrían ser parte de la gran tragedia americana si estuviesen narradas con otro tratamiento, examinándolas con crudeza. Y, sin embargo, preferimos quedarnos con la parte frívola y divertida de la novela, sin dobles lecturas. En estos tiempos tan serios en los que vivimos, en los que todo lo que ocurre es tan importante, siempre hay un momento para leer Los caballeros las prefieren rubias e inundarnos del optimismo brillante de Lorelei Lee.
Monday, September 05, 2011
Hijos, nueras, exnueras y exyerno
Tuesday, August 30, 2011
Lo difícil que es pisar el asfalto en Broadway
Thursday, July 14, 2011
CSI Bernidorm
Tuesday, June 28, 2011
Sucesos increíbles y muertes singulares
Sunday, June 26, 2011
Donald y el almacén de los mundos



Wednesday, June 15, 2011
Vanavaina Okohonga
Thursday, June 09, 2011
La cinta rosa de la infanta Margarita
Monday, May 30, 2011
Gracias, TDT
Friday, April 29, 2011
¡La boda de William y Kate!
Wednesday, April 20, 2011
Paz Padilla rima con ensaladilla
Wednesday, March 09, 2011
Thursday, February 03, 2011
Últimas lecturas
- Sí, tiene delito que me haya puesto a leer “Crónicas marcianas” ahora, con un retraso de cincuenta años. Hay muchos huecos en mi biblioteca de clásicos de ciencia ficción, que nunca he sido yo muy del tema –siempre más de ensayo-, por no hablar del último libro “de ciencia ficción” que leí, que fue “El mundo sumergido”, de Ballard (sí, no fue Crash precisamente), que me pareció, con pocas salvedades, una mierda pinchada en un palo y mal traducido, además. Supongo que aparte de todo eso las reminiscencias al programa del horrendo Javier Sardá (horrendo Javier, el programa no) no hacían que me entrasen las ganas de ponerme con Bradbury. Y qué sorpresa tan estupenda porque sí, a estas alturas del cotarro he descubierto que Crónicas Marcianas es poesía pura, con sus relatos inquietantes, otros de puro terror, la mayoría tristísimos y melaconlérrimos, todos sin excepción hermosos. Sí a Bradbury y a Crónicas Marcianas, que solo con recordar su lectura me entran una nostalgia y una pena negra que me hunden el pecho. Buena señal.
- “El postporno era esto”, de María Llopis, me ha introducido en un tema del que nada sabía (el postporno, efectiviwonder) en una Barcelona que es como una ciudad paralela a la de mi existencia. Por esa parte, bien. Por la otra, la de diario de la autora con infancia trágica y catástrofe sentimental incluida, mucha sensación de déjà vu y mucho ver venir el drama un kilómetro antes de que ella se de cuenta, y mucho sonrojarme de vergüenza ajena ante párrafos como este, que paso a copiar, atención: “y a lo mejor no necesito paz y tranquilidad como creía, sino el caos en el que estoy inmersa ahora, donde no sé cuando empiezan o acaban los días y menos las noches, que se solapan y se mezclan, entre la música de mi ordenador, la música del Razzmatazz, los polvos blancos y el sexo”. Además todo el tema personal de María Llopis in yeneral me recuerda un poco, mutatis mutandi (solo un poquito, que si algo me ha quedado claro es que el postporno no tiene que ver con el porno), a la biografía de Jenna Jameson “Confesiones de una estrella del porno”, a cuya portada solo le faltaban unos cristalitos de svarovski, como los que ponen en las de Elle, para ilustrar el concepto de ironía postmoderna. Se suponía que la biografía era algo divertido que hablaba de lo glamouroso (agh, palabra prohibida) y sexy de la vida de las pornostars, siempre con un punto de humor y de desmitificación y bla bla bla; pues bien, el resultado era un drama de novela rusa del XIX en el que Jenna Jameson se desvelaba como un puro producto de la white trash: huerfanita de madre desde los cinco años, con un padre con síndrome de estrés postraumático tras su experiencia como soldado en Vietnam, un hermano heroinómano, una violación a los 13 años, una mejor amiga stripper asesinada, un rosario de abusos sexuales y relaciones enfermizas con novios que la chuleaban en todos los aspectos de su vida, unas traumáticas primeras experiencias en el mundo del porno… Tras su lectura terminabas replanteándote el concepto de que ser actriz porno es una profesión como otra cualquiera y, aunque las generalizaciones son horribles y en realidad sé que no todo el mundo tiene a sus espaldas el currículum de la pobre Jenna, de repente mirabas a Celia Blanco o a Anastasia Mayo como con un poco de pena (aunque esas dos en concreto me parecen muy conscientes, libres y sanas mentalmente). Y, volviendo al libro de María Llopis, qué gran editorial es Melusina, que el 80% de lo que publican es interesantísimo y apasionante.
- “Guía de supervivencia Zombie”, de Max Brooks. Esta no es tan imprescindible como el maravilloso tratado de geopolítica disfrazado de entretenimiento inocente que es “Guerra mundial Z”, pero aún así, me ha gustado seguir los primeros pasos de Max Brooks en su investigación del drama zombie. Y si algo me ha quedado claro tras su lectura es que, cuando los muertos se levanten, yo seré de los primeros en caer, en parte porque no sé si quiero vivir en el mundo de los supervivientes, en el que no habrá televisión, ruffles al jamón ni discusiones sobre el poder de twitter.
- “El arte del asesinato” es un compendio de relatos de investigadores de Chesterton. El padre Brown tiene guardada una sillita cómoda en mi corazón desde hace muchos años, y todo el libro exuda britanismo. Pocas cosas más se le pueden pedir a un libro. Sí, una más: que lo edite Valdemar. Felicidad completa.