Thursday, May 09, 2013

Máxima simbología

Hace unos días saltó una de esas noticias inesperadas dentro de una noticia más grande que tanto gustan en estos lares: para vestir a sus hijas durante su coronación como Reina de Holanda (así, en mayúsculas), Máxima Zorreguieta (que me encanta y de la que nunca hay que obviar que es hija de un ministro de una dictadura que tiraba a gente drogada al océano desde un avión) había elegido unos vestiditos -monísimos por cierto- de la marca gallega Pili Carrera. Los primeros sorprendidos fueron los de la propia marca, que sabían que la ya no princesa había encargado unos modelitos pero no que los utilizaría para la primera imagen icónica de su hijita Amalia saludando desde el balcón ya como primera en la línea sucesoria. El detalle que no han dejado de reseñar todos los medios es que "Máxima pagó todos los vestidos de sus hijas" y que les enviaron una nota diciendo que "la casa de Orange no acepta regalos". Faltaría más, diría cualquiera, y que de dónde nos creemos que sale el presupuesto para organzas y blondas de las princesitas, pero entonces volvemos la vista aquí a la tierra y nos entra un poco el sonrojo. Hace unos días, en un Salvados (ese programa que es verlo y no entender, pero literalmente no entender, cómo la gente que se suicida porque la desahucian no lo hace llevándose a alguien por delante) sobre el silenciado accidente del metro de Valencia, alguien comentaba algo que me pareció muy lúcido: que con la crisis, si se estaba consiguiendo algo bueno -si es que esto es algo bueno-, era que la población desconfiase más de los políticos y de las instituciones, no se quedase con la primera versión y exigiese respuestas y explicaciones fidedignas. También comentábamos hace poco lo indignante que es que la corrupción sólo moleste e incordie en épocas de vacas flacas, y que cuando las cosas van bien se disculpe, aliente y practique con dedicación lazarillodetormesca. Muchos años tendrán que pasar para cambiar la conciencia de un país tan asqueroso, caciquil y menor de edad como este. Esto y la noticia de los vestidos de Pili Carrera comprados y pagados con factura no tienen aparentemente nada que ver, pero en realidad sí lo tienen, ustedes ya me entienden.

Thursday, April 25, 2013

Breve historia del pelo rizado en el cine

Tal vez porque me toca de cerca, me fascina el significado que el cine hollywoodiense le da al pelo rizado (me toca de cerca el pelo rizado, no Hollywood). El pelo femenino, claro, siempre está cargado de simbolismo y remite a la sexualidad, a mujeres que una vez casadas ya no podían llevar el pelo suelto, a melenas sueltas desordenadas que sugieren violaciones, a mujeres que una vez violadas se cortan el pelo y a judías ortodoxas que se lo rapan para mostrarle al mundo su peluca (razones por la que en el debate sobre pañuelo-sí pañuelo-no en el mundo musulmán, rotundamente pañuelo no), pero los rizos significan aún más, porque normalmente se usan para definir personajes femeninos de carácter intrépido e independiente o que caen directamente en la locura total y falta de control sobre una misma (véase el pelo frito de Glenn Close en Atracción fatal). En otra vertiente más comedida, los rizos son simplemente un ejemplo de mujer  que presta poca atención a su aspecto físico y que no se cuida (véase Cameron Díaz en Cómo ser John Malkovich), algo de lo que culpamos básicamente a la omnipresencia de la melena planchada en los años 90, que todavía colea hoy veinte años después. ¿Es este uno de los principales problemas de la representación de las mujeres en los artefactos culturales? Por supuesto que no, pero sí es un ejemplo de lo reduccionistas y estúpidos que suelen ser éstos. Es como si una mujer de pelo rizado no pudiese ser atractiva y deseable con su pelo natural y, para lograrlo, tuviese que pasar por largas horas de peluquería (o directamente llevar peluca), justo como le pasó a Nicole Kidman cuando tuvo que dejar atrás definitivamente esa rubicunda (y muy sexy) imagen en Calma Total para convertirse en la mayor superestrella de su momento luciendo una trabajadísima melena.
Así que aprovechamos para recordar cinco momentos importantes en la historia del pelo rizado cinematográfico, que podrían ser muchos más pero estos los llevamos especialmente en nuestra cabeza llena de bucles y permanentemente despeinada.

Tal como éramos: Barbra sentó cátedra una vez más identificando pelo con independencia y autoafirmación.  Al principio de la película, la muy inteligente, concienciada, judía y pesada Katie Morosky luce unos bucles fantásticos que son casi de melena a lo afro; esto dura un ay porque enseguida empieza a planchárselo pensando que así gustará más a Hubbell (y de paso evita que él se cele porque haya otro pelazo capaz de hacerle sombra al suyo propio), cosa que ocurre; Barbra se pasa la película con el pelo precioso, todo hay que decirlo, pero bien a raya con plancha y cepillo; el tiempo pasa, la relación evoluciona, se van a California, pasean por la playa con un lookazo de punto y vaqueros por el que todavía suspiramos, llega la lista negra, comprenden que son demasiado diferentes para ser felices y rompen. Cut. Llega la escena final en la que los años han pasado y la expareja se reencuentra casualmente en Nueva York. Y, tachán, ella puede lucir su pelo natural porque ya no tiene que fingir ser otro tipo de persona, ya no tiene que ser educada, polite, cínica y cuándotuvasyovuelvo de allí porque no tiene un Hubbell que le corte las alas para protestar contra la bomba nuclear, ser rogelia total, decir en voz alta lo que piensa sin importarle si es poco apropiado o incomoda a los presentes y sí, por fin, puede llevar la cabeza bien alta llena de bucles. Y para explicar del todo el alcance del pelo de esta película en la cultura popular, sintiéndolo mucho, tenermos que referirnos a –argh-, la escena de Sexo en Nueva York en el que Carrie se compara con la Katie protagonista porque ella también es una chica complicada y libre, y ella también, como muestra de esa inteligencia y ese complicadismo, tiene el pelo rizado, como K-K-Katie (al final del capítulo hay otra bellísima analogía entre Carrie Bradshaw y un caballo, algo que no podemos sino aplaudir entusiasmados).



Entrevista con el vampiro: la prepúber Kirsten Dunst se convertía en vampira e instantáneamente se le rizaba el pelo con unos tirabuzones de muñeca gótica que ya querrían las espumas Giorgi para sus publicidades. En esta película llena de melenacas, tintes, postizos y pelucas loquísimas su melena a lo Luis XIV creada por arte de magia remitía a la sexualidad del vampiro y al siempre rizado vello púbico (¿lo recuerdan? ha desaparecido).



Princesa por sorpresa: Anne Hathaway tenía entrecejo, lucía gafotas, era desgarbada como sólo lo son las adolescentes y naturalmente tenía un melenón rizado que vale, pedía a gritos una mascarilla hidratante, pero podría haber sido igualmente regio adecuadamente acondicionado. ¿Podría? Pues por supuesto que no; a Julie Andrews and company les faltó tiempo para sacar las ghd o su correspondiente de la época y eliminar, con los pelos del bigote y los modales de yankee, los rizos, que son síntoma de falta de señoritinguez.



Criadas y señoras: la Skeeter que interpreta Emma Stone es una escritora en ciernes que oscila entre lo que se supone que tiene que ser su vida y lo que a ella le gustaría que fuera. Cuando se inclina hacia el lado de lo que se supone que tiene que ser, acepta una cita a ciegas y que su madre le planche la melena rizada para estar pefecta en el evento. Después de horas de sufrimiento, se ve en el espejo con su nuevo look planchado y moldeado y chilla de entusiasmo. ¿Es esto lo que quieren en el fondo todas las chicas con el pelo rizado? ¿Por qué el cine actúa como si fuera así? (estas preguntas son tan, a su vez, Carrie Bradshaw que voy a ir terminando o quién sabe cómo terminará esto).



Brave: Odiamos Brave, de acuerdo, con ella Pixar nos ha dado un disgusto comparable al que tuvimos con Cars, pero su protagonista es la plasmación más exacta de nuestra teoría que hemos visto en el cine de los últimos años. La princesa Mérida es rebelde y asalvajada, no se quiere casar, odia las buenas maneras y prefiere ir por ahí con su arco y sus flechas (el amazonismo es tendencia total con Jennifer Lawrence en los Juegos del hambre, y nunca hay que menospreciar el poder icónico de una mujer apuntando con un arco y una flecha, así como una cosa fálica y poderosa), ¿y qué es lo más efectivo para resaltar ese carácter indómito y rebelde? Una buena melena rizada indómita y rebelde, y pelirroja, para que el efecto sea doble. Es una princesa, sí, pero tiene el pelo rizado, ergo, no es una princesa comme il faut.



Thursday, April 18, 2013

Historia del diario

Me he puesto a repasar entradas (actividad onanística no recomendada) de mi anterior (pero no primigenio) blog y he encontrado algunas cosas dignas de mención aunque sólo sea porque me han hecho ser consciente de ¡cómo pasa el tiempo, diojmío! Aquí las copio por si se las lleva este ancho y proceloso mundo que es Internet, para que quede constancia.

25 de marzo de 2006

Jodó. Lo flipo en dolby. Todo el mundo pendiente de la Jurado –a la que han traído a Ejpaña para morir, esto está clarísimo, le quedan quince días, hacedme caso y si no al tiempo, que lo veo yo con mis poderes, poderes que he ido desarrollando en el último año y de los que ya hablaré largo y tendido en otra ocasión- y resulta que ¡se muere Rocío Dúrcal! Me da mucha pena, de verdad, porque además de cantante del inmortal “Me gustas mucho tú” y protagonista en su juventud de un puñado  de películas que hemos disfrutado en numerosas ocasiones gracias a “Cine de Barrio” (¿mi preferida? “La chica del trébol”), Rocío Dúrcal es, era (¡qué terrible! ya hay que hablar de ella en pasado) la esposa de Júnior, (mmm… conexión con JP… ahí va a estar la explicación de este trágico desenlace) y sobre todo madre de Carmen Morales, que para toda mi generación (puagh) será siempre la pérfida de María de “Alsa”. Y con que se mueriese la madre de Bichito no contaba, no.
Al final va a ser Laurita Valenzuela  la única que ha podido superar el cáncer. De momento.

3 de abril de 2006 
Un año ya, jasú, cómo pasa el tiempo. Un año de la muerte del Papa, que viví desde Madrid, y un año de la gala de Miss España, que viví desde la aldea comentándola muy dicharacheramente en la mesa camilla del salón en compañía de mi familia,  todos muy activos y metidos en el  tema (éramos de Miss Lleida) Del aniversario de la muerte de San Juan Pablo II no voy a comentar nada porque ahora no me apetece mucho, y de lo de las misses… pues tampoco, pero sólo quería reseñar que sin duda es la gala peor organizada de todas las del país, en dura competencia con la de los Goya y que… ¡madre del amor hermoso! en el momento final, cuando salen todas las misses, incluidas las rechazadas, y van vestidas como con trajes de gala que ellas mismas han elegido, ¡¡había una que llevaba un modelo plagiado al de Hillary Swank en los Oscar del año pasado!! Era igualico igualico, con el escote en la espalda que llega hasta el culo y  el mismo color azul petróleo. La susodicha miss estaba obviamente encantada con su vestido copiado (me la imagino en la modista de su pueblo, esgrimiendo una foto arrancada del ¡Hola!) y no dejaba de girarse para que todos admirasen sus bellos (¡ja!) homóplatos. En nuestro hogar flipábamos.   Yo creo que no hace falta comentar nada de este hecho porque es tan representativo por sí mismo que todo lo que pueda decir iba a quedar como de… Clara Caurel, o de ser así de repulsivo. Así que me callo y me voy a cenar unas lentejitas.
(Esto del vestido de la gala de Miss España que menciono ahí arriba no es tan de drama común como lo de Rocío Dúrcal, pero es una de las imágenes televisivas -de las que he consumido eones y toneladas- más presentes en mi vida pese a que no he conseguido verla de nuevo jamás y una de las razones por las que maldigo una y otra vez la quiebra de Miss España). 

Monday, April 15, 2013

El pato Donald nazi

De mi reciente estancia en Singapur (me muero por decirlo y empezar así todas mis frases) me he traído un souvenir inmejorable en forma de libro en inglés de segunda mano llamado "Enciclopedia de los personajes animados de Disney" que abarca desde los llorados tiempos del Steambot willie hasta los patéticos y entrañables días de los Rescatadores. Esto implica que entro en una etapa aún más Disney de lo que ya es mi vida cotidiana, que ya ha empezado a dejar sus frutos en que ayer por ejemplo acudiera a ver en pantalla grande 101 dálmatas (la original, faltaría más) con una educada multitud de niños y una bastante más molesta multitud de padres deseosos de ahorrarles cualquier posible trauma a sus retoños cuando se escuchaba algo así como "Les asestaremos un estacazo y luego los despellajaremos". Y esto entronca directamente con mi lectura del viaje, HHhH, un libro que ya estaba tardando en leer, que sabía que me iba a encantar pero que me ha emocionado aún más que 101 dálmatas y que se ha convertido, yo creo que para los restos, en uno de los libros de mi vida. ¿Y cuál es el hijo natural de la alianza Disney-nazis? Pues esta maravilla que hace que tiemble el misterio:

De las películas de propaganda bélica de la Segunda Guerra Mundial aliadas con los dibujos animados ya sabíamos gracias a que básicamente todo el mundo lo sabe y sale hasta en los Simpsons, pero, ¡oh! qué deleite el no haber investigado arduamente (o sea, puesto en google) el tema para estar a tiempo todavía de encontrar cosas como estas que aúnan algunas de mis palabras favoritas en el mundo: propaganda, Disney y nazis.

Sunday, February 24, 2013

Óscars 2013: Popurrí final

- Para completar un poco lo de la entrada anterior en la que decía que mis preferidas de la larga lista de los Óscar son The Master y Skyfall, ninguna nominada a mejor película, y como de Skyfall ya hablé aquí presa del entusiasmo, sólo diré ya que The Master me ha parecido intensísima y preciosa de ver, que Joaquin Phoenix está sobrecogedor en su papel de Popeye el Marino, que Philip Seymour Hoffman lo hace todo tan bien que no es de este mundo y que la maravillosa y adorada por cualquier persona de bien Amy Adams está -justamente- nominada sólo por dos cosas: sostener la mirada como nadie y hacer una paja.
- Los papeles de Helen Hunt en los últimos cinco años, consultados en su ficha de la IMDb, son: poner voz a un personaje de una película animada sobre un perro; un papel en una película sobre una adolescente surfera; dos apariciones en comedias románticas que han pasado sin pena ni gloria y un personaje de los ochocientos que salen en la sobrevaloradísima y estúpida Bobby. Todo esto hasta aparecer haciendo de surrogate en Las sesiones, película que nos moríamos por ver porque en nuestra adolescencia leímos una novelucha sobre los sustitutos sexuales que trataban la eyaculación precoz o la anorgasmia allí donde la psicología no podía llegar: en el tálamo. Pues desde aquí decimos: Helen Hunt, sabemos que Hollywood es un lugar horrible para las mujeres mayores de cuarenta (ya lo decía Antonio Banderas hablando no de sí mismo, sino de su esposa Melanie), pero eres una actriz estupenda capaz de hacer como nadie un personaje atractivo pero cuyo físico todavía es de este mundo. Nos gustaría mucho que ganases otro Óscar por enseñar las tetas y el coño con tanto arte como en esta película sobre lo abierto que es todo el mundo en San Francisco, pero lo vemos imposible. Ojalá la nominación sirva para que se acuerden más de ti los futuros directores de cásting. Vuelve, Helen. Toliño por ti.
- Hitchcock podría haber sido una correcta y entretenida tv movie cuya historia nos gusta tanto que ninguna papada de Anthony Hopkins sería capaz de arruinar, pero, error, tiene pretensiones. Una buena muestra de lo enervante de la frivolidad de esta película en la escena en la que Hitch se entrevista con Anthony Perkins que, muy armarizado, le dice "oh señor Hitchcock he visto un montón de veces sus películas, sobre todo La soga y Extraños en un tren". Ese es el tipo de sutileza y elegancia a la hora de plasmar un conflicto y retratar una complicada psique que se gastan aquí.
- De la estupenda escena de accidente aéreo de Flight, de Denzel Washington, nos quedamos con ese homenaje a La aventura del Poseidón que es poner el avión del revés. O al menos así lo hemos interpretado aquí.
- Parece que va a ganar Argo y que Ang Lee se adelanta a Lincoln como mejor director, y que en todo lo demás apenas habrá sorpresas. Aún así, nunca se sabe, pero qué importa ya. Y los Óscars, como decíamos al principio, son cualquier cosa menos cine; son vestiditos, vértigo de las listas, morbo, estrellones metiendo la pata, estrellazas de la canción y brilli brilli. Feliz noche. 

Friday, February 22, 2013

Óscars 2013: Zero Dark Thirty

Zero dark thirty, La noche más oscura (las memorias de Santa Teresa, como dicen muy atinadamente Garci y sus mariachis) era mi último cartucho de cara a ir con alguien en la próxima gala. Y, para mi horror, tampoco va a ser así. Me ha gustado muchísimo, ha sido de las que más de la lista de las nueve nominadas a mejor película, pero hay un par de cosas que no puedo pasar de largo, a saber:
- Que, pese a que el ritmo sea estupendo, la primera parte de la película esté distribuida en una serie de episodios que parecen algo así como el "Cómo encontramos a Bin Laden greatest hits" (porque además no hay ningún tipo de contextualización ni de intento de explicar el origen del terrorismo islámico ni nada parecido -algo que sí se apuntaba un poquito en Argo-; es sólo la historia de cómo dieron con el archienemigo del mundo en los 00 y ya, y no pretende ser otra cosa). Una sucesión de acontecimientos separados entre sí por años que muchas veces no son más que pistas falsas que no conducen a nada. Si hasta están separados por cortinillas negras con el nombre del episodio correspondiente, en plan "El encuentro", "La llamada", "El error" y cosas así.
- Del tema moral pasamos porque estoy de acuerdo con todo lo que dice aquí Sisterboy, pero no puedo entender que a nivel de guión en ningún momento se plantee qué harán cuando den con Bin Laden. De hecho cuando lo encuentran y un soldado le mete un par de tiros, ¿qué es eso de que otro le diga "Tío, ¿pero qué has hecho?"? Como si una decisión así pudiese haberse dejado al libre albedrío de uno de los bellos marines o lo que sea el cuerpo especial de las fuerzas armadas que lleva la misión. Como si realmente hubiese sido una improvisación de último momento (y lo peor es que, tal y como es la realidad, no me extrañaría nada que esto hubiese ocurrido realmente así).
- Inconcebible me parece que un helicóptero pueda estrellarse en el gallinero de la casa-búnker en la que se oculta Bin Laden y que nadie se entere. Y aplausos para ese momento en el que van recorriendo la casa llamando "¿Hassan, Hassan?", aparece Hassan y lo ultiman; "¿Said, Said?", aparece Said y otro tanto, así hasta el inolvidable "¿Osama, Osama?". 
- El tan alabado tratamiento de la imagen, sobre todo la de su escena final, me horripila. Tengo un problema con las visiones nocturnas, es ver esos planos en verde y negro y acordarme de la visión de Predator o de Robocop. 
- Jessica Chastain gusta a todos y eso que se está quedando calva, que cuide el estrés; sería muy bonito verla recoger el Óscar confirmándola como la recién llegada que hasta hace un par de años era una desconocida y que se ha convertido en la actriz favorita del universo, pero si no ocurre, tampoco será un drama. Le quedan años por delante antes de empezar a hacerse vieja y desaparecer, claro que lo mismo pensábamos en su día de otra excelsa pelirroja, Julianne Moore, y ahí está compuesta y sin novio.
Total, que a falta de favorita, sigo yendo contra El lado bueno de las cosas, y sólo deseo que Skyfall gane todo a lo que está nominada. De la lista de películas concurrentes a los Óscar de este año, mis favoritas son ella y The Master. Y ninguna está nominada a mejor película. Así estamos.

Tuesday, February 19, 2013

Óscars 2013: Silver Linings Playbook, Harvey Weinstein, os odio

A estas alturas de la juerga ya voy asumiendo que la noche del domingo no voy a estar concentrando toda mi energía mental en que gane tal película o cuál actor. Amor y Django me han entusiasmado pero, aunque celebraría muchos sus triunfos (el de Amor en mejor película extranjera está tan cantado que ni emoción tiene), no creo que sean las mejores obras de sus directores ni son mis preferidas. Las que tienen más posibilidades ahora mismo, Argo y Lincoln, me gustaron pero sin grande aspavientos; puestos a elegir, creo que prefiero Lincoln sobre Argo porque al menos esa no me obligó a taparme la cara con el cojín de la vergüenza en algunas escenas. Lo que sí tengo claro es la que película que NO quiero que gane: Silver Linings Playbook, mis energías van a ir contra ti.
No estoy en contra de las películas chorra, pero sí de las que tienen ínfulas y ningún criterio; ver esta chorrada de película y comerte un altramuz viene siendo lo mismo. Ni comedia ni romántica, con un conflicto paterno-filial clavadito, pero clavadito, a un episodio de los Simpson, con una cacareada escena-gag sobre Hemingway que me pareció una estupidez supina (¿nunca se ha leído un libro, ese joven?), y con una trama principal, el concurso de baile, absolutamente ridícula y cuya existencia solo justifico como excusa para mostrar a Jennifer Lawrence en mallas. Si algo disculparé, por cierto, es el Óscar a mejor actriz de esta chica, aunque sería una pena que se lo diesen por esta película por muy bien que ella esté haciendo uso de su verborrea con toda la carrera que le queda por delante. 
No tengo muy claro que las ínfulas sean de esta película per se o porque el productor Harvey Weinstein ha metido mano y kilos de millones para promocionarla, conseguir un aluvión de incomprensibles nominaciones (¡Jacki Weaver!) (¡mejor guión adaptado!) y ay, puede que ganar unos cuantos. Decir en el título de esta entrada que odio a Harvey Weinstein es una machada porque produce aproximadamente el noventa por ciento de las películas que se hacen al año en todo el mundo, y también hay joyas entre su mal hacer, pero es por culpa de su mano mafiosa y sus tejemanejes chungos por los que Shakespeare in love, aquella película irrelevante que hizo de Gwyneth Paltrow una estrella (además de una de las premiadas más recordadas con su vestido rosa de Ralph Lauren -con cercos de sudor en las axilas-) arrasó en los premios en una de aquellas ediciones de los locos y esquizofrénicos noventas. Y con esta película precisamente sobre locura (bueno, en realidad no va sobre locura, sabe Dios de qué va) amenaza con repetir la jugada. Así que ya tengo una motivación para ver la gala con emoción, y es comprobar que las cosas no se desmandan y El lado bueno de las cosas no me da un disgustazo.
(Ah, y Robert De Niro tampoco está TAN bien, y no olvidemos que lleva quince años parodiándose a sí mismo y arrastrando su nombre por el fango, así que por mi parte, no se le debe nada).

Monday, February 18, 2013

Óscars 2013: La vida de Pi, cuestión de fe

Cuando vi el tráiler de La vida de Pi, hace unos meses, casi entro en coma diabético. ¿Qué eran esas imágenes sacadas de un salvapantallas de Windows 95? ¿Qué era esa música de Coldplay? ¿Cómo es posible que Ang Lee estuviese detrás de ese remedo de Más Allá de los Sueños, una de las películas con un mensaje más insultante y una estética más hortera de los 90 (que ya es decir)? Aclaro que amo a Ang Lee desde que mi tierna mente adolescente vio La tormenta de hielo y que, demonios, incluso me gustó Hulk y fui al cine a ver Cabalga con el diablo. Total, que no daba crédito, pero al final la cosa no ha sido tan terrible como amenazaba, básicamente porque no hay atisbo de Coldplay por ninguna parte (aunque el saltito de la ballena sigue ahí); pero, y he ahí lo que más me fastidia, me ha dejado bastante fría. El mensaje esotérico-religioso-espiritual ni me va ni me viene, y una muestra de mi capacidad retentiva es que cuando llevaba mitad de la película empecé a pensar "al final resultará que él está muerto y lo imagina todo un segundo antes de ahogarse", sin caer en la cuenta de que la historia la cuenta él adulto, vivito y coleando (también me he acordado un poco de la pobre hija de Lucía Etxebarría, que fue al cine con su madre a verla con el subsiguiente trauma producido). Total, que no la odio pero que una película tan intensita, trascendental, llena de símbolos y espectacular como un fondo de pantalla no me produzca nada no es bueno. Aunque me troncha un poco el posible resumen final (cuidado, ATCHUNG,  horror) de que sea una parábola sobre los peligros de tener un zoo en la que el malo es Gérard Depardieu.

Thursday, February 14, 2013

Óscars 2013: Django, ese fucking nigga


Más aún que la historia de la película Django, me chifla la historia detrás de la película. Vaya por delante que Leonardo DiCaprio me cae de fábula, admiro su tino a la hora de elegir proyectos y le deseo todo el bien del mundo, pero desde que leí esta ultrarrecomendable entrevista con Jamie Foxx (en el  momento de leerla supe que era una de esas cosas a las que volveré recurrentemente durante el resto de mi vida, esa entrevista), él se ha convertido oficialmente en el más molón de todos los actores que salen en esa película (y el caballo de la película es SU caballo, ¿en qué le convierte eso?), y creo que los problemas de DiCaprio con Tarantino durante el rodaje han sido veleidades de estrella (que si alguien puede tenerlos es él, qué caray). Total, que me encanta esta historia y les agradezco infinitamente que nos hayamos enterado de todo.

“¿Viste esa mierda de película de Wild Wild West? Pues ahora imagínate al príncipe de Bel Air de Django…Imagínatelo y muérete de risa, vomita, enfádate o lo que te parezca… O sea… Da gracias a que yo soy Django… Ya verás la película y te va a encantar: ¡tus jodidas hormonas de blanquito español se van a volver negras de la emoción!” Ole con ole. No sé si está interpretando un papel (el de Django), si está borracho o si es un ataque de brutal sinceridad, pero todas las entrevistas deberían ser como estas.

“Es verdad que DiCaprio, que está aquí, podría ayudarnos al esquipo a estar con vosotros la prensa, y no hacerse una foto y largarse… Cada cual es como es, tío…Es cierto que con Quentin tuvo diferencias muy grandes, mucho. Una vez el diálogo se hizo con los puños y gracias a Dios que las armas no estaban cargadas de verdad. Todo volvió a la calma, pero yo no entendí qué pasó. Hay algunos chicos caprichosos que se creen lo más porque han trabajado con Scorsese…” Además como parece que DiCaprio se toma un año sabático para viajar por el mundo y luchar por la ecología (sic), podría ser ¡que todos estos rumores sobre los malos rollos en el rodaje fueran verdad!

“Pero también hay mucho de New Jack City, ese peliculón de Van Peebles. ¿Sabes lo que representó esa peli para la gente de mi edad, para los afroamericanos? No sé, igual lo mismo que el Rusell Crowe de 'Gladiator' para vosotros los blancos…” Aquí directamente me corro viva porque veo que Jamie maneja a la perfección mi concepto de “heteruzo”. No todos los heteros son heteruzos ni viceversa, y el concepto es un poco largo de explicar, pero para el caso que nos importa, hay que decir que Gladiator es una película muy heteruza, igual que Braveheart. Un heteruzo escucha que alguien menta estas películas y exclama al momento: “¡peliculón!”. Esto no tiene nada que ver con que una película sea mala o buena ni nada por el estilo. También dicen “¡peliculón!” delante de Taxi Driver, que es una buenísima obra maestra del cine y una película muy heteruza.

“Sus películas, algunas de ellas, te venden una postura bienpensante, liberal, integracionista, de buen rollo…, pero eso es una mierda de fachada: Hollywood es un puto nido de racistas, allí se practica el racismo diariamente.” ¿Y la película? Pues muy bien, maravillosa, una de esas películas de Tarantino en las que te lo estás pasando tan bien que no quieres que se acaben nunca, llena de imágenes bellísimas como la del algodón salpicado por la sangre o el reflejo de Django hecho un querubín en un espejo. Un placer además ver que el Franco Nero de la original (que además pude ver hará un mes en una de esas sesiones dobles de Phenomena llenas de un público que amo y odio por igual) mantiene todavía parte de su belleza. A todo el mundo le encanta la película y está entusiasmado con ella, yo también, peeero no me ha deslumbrado y gustado tantísimo como, por ejemplo, Reservoir Dogs o Kill Bill. Pero no seré yo la que le ponga pegas a que Christopher Waltz gane de nuevo el Oscar por interpretar el mismo papel que en Malditos Bastardos.

“¿Vas a ser fan de este jodido negro, no, blanquito? ¡Jajajaja! Sí, sé que vas a ser fan de Django…” Amén.

Tuesday, February 12, 2013

Óscars 2013: Lo que es Lincoln

Lincoln es:
- Conversaciones, debates, discusiones, dialéctica, dialéctica, dialéctica.
- Festival de pe-pe-peluquitas y bisoñés como hacía tiempo que no se veía en el cine.
- Conflictos paternofiliales de esos que tanto le gustan a Spielberg y que al resto del mundo (una vez terminado Lost) nos dan un poco igual.
- Un congreso lleno de compromisarios, parlamentarios o lo que sean, tan vivaracho y llenos de movimiento que sólo falta ahí el General Pavía entrando a caballo. Muy a favor de esos debates que hacen de Moros y cristianos la Atenas del siglo V a.C.
- Todo un tratado sobre la frase de "el fin justifica los medios".
- Sally Field haciendo de una maravillosa loca del coño.
- Una escena casi final un poco ridícula en la que la esposa de Lincoln le pregunta a su marido "¿Cómo crees que te recordará la historia?" "ahora que está a punto de ser asesinado", le falta añadir.
- Todo un tratado sobre política electoral y legislación americana que a los no versados en la materia nos suena a chino, aunque no dejamos de maravillarnos de lo bien explicado que está y de la idea totalmente equivocada con la que nos quedamos de haberlo entendido todo a la perfección.
- Más larga que un día sin pan, en eso sí tenían razón. Pero la acusan de fría como el hielo y totalmente carente de emoción, y a mí el final, con esos negros en el palco como en "Matar a un ruiseñor", me ha parecido bastante emocionante.
- La ocasión para que se vuelva a mencionar la teoría de la muerte de Allan Poe por haber sido obligado a emborracharse por agentes electorales (aunque no parece que necesitar que nadie le obligara a hacerlo) para obligarle a votar sin ser consciente de ello y las múltiples teorías sobre conspiraciones en el asesinato del presidente. Le estamos agradecidos.

Sunday, February 03, 2013

Óscars 2013: Amor

A mí también, como aquí se dice, me da un poco de vergüenza hablar de Amor. Sobre todo porque empecé a llorar aproximadamente a los primeros cinco minutos y no paré hasta el final, como si estuviese viendo un capítulo de Yackie y Nuca, y nada más lejos de la realidad. Haneke sigue siendo frío, certero, y huye de cualquier concesión al sentimentalismo, consiguiendo esa cosa tan terrible, incómoda y mágica que es la sensación de que tú eres un intruso que está delante de algo íntimo y real que no deberías estar viendo. Pero ha conectado con algo tan profundo, me ha recordando tantas cosas, y tantas otras que están por venir, que he salido conmocionada y shockeada. Un suplicio y un placer que no necesita Óscars ni maldita la falta que le hacen, aunque ganará el premio a mejor película de habla no inglesa, lo que me permite recordar que mi película favorita del año pasado y probablemente en mucho tiempo fue también el Óscar 2012 "Nader y Simin: una separación", una historia prodigiosa que se me encoge el corazón de la tensión sólo de recordarla y uno de los mejores ejemplos de que sólo se puede ser universal desde lo particular.

Thursday, January 31, 2013

Óscars 2013: Dame Argo


(Este chiste es tan espantoso como inevitable; recordemos aquel titular de Fotogramas: “Ben Affleck nos cuenta Argo”). Cuando me enteré de la historia y vi ese tráiler casi me subo por las paredes: esa película me iba a flipar: ¡la crisis de los rehenes! ¡una película falsa! ¡ayatola no me toques la pirola! ¡Ben Affleck haciendo méritos de nuevo para que le tomemos en serio! Además las críticas eran buenísimas y los premios no paraban de llegar; estaba claro que iba a gozar con Argo como hacía tiempo que no lo hacía. Meses después se enfrió la cosa, desnominaron a Ben al Óscar a mejor director, leí un par de críticas horribles que decían que la película era aburrida, racista y ridícula y el globo se me fue desinflando. Al final la he visto y me ha gustado, peeero estoy bastante jodida porque no me ha gustado ni remotamente tanto como me podía haber gustado.
Aplaudo con entusiasmo la fotografía, la ambientación, ¡esas gafas de carey!, ¡esos bigotazos! (y no hablo de los de los iraníes), la mezcla de imágenes reales con ficción, la ropa setentera, esas imágenes de Jomeini y de la revolución que parecían haber sido dibujadas por Marjane Satrapi.  La historia sigue siendo increíble y aunque conozcas de antemano el final estás comiéndote las uñas durante todo el último tramo de película, peeero la parte de la falsa película al final se me ha quedado en agua de borrajas, creo que Hollywood está poco aprovechado y he aborrecido ese conflicto paternofilial metido con calzador, de esos que se suponen que tienen que ayudarnos a empatizar con el personaje pero a mí personalmente me tiran de un pie; y sobre todo aborrezco esa sonrojante secuencia final en el aeropuerto que me indican que además es de la propia cosecha de Ben, todo aporte suyo a la historia real. Y definitivamente que el “Dream on” de Aerosmith que le sentaba como un guante al tráiler no sonase en la película ha sido una decepción.

Como decían en La Sextanominada (que es una presencia muy fuerte a lo largo de estos posts),  cuando se anunciaron las nominaciones los presentes en la sala la aplaudieron como si fuese… como si fuese Ciudadano Kane, algo que encuentro totalmente inexplicable (más allá de la obvia explicación de que los presentes sean un poco cortos).
No hay que olvidar que Garci ha dicho –en el inenarrable, desopilante y nunca suficientemente ponderado “Cowboys de medianoche”- que la película le ha encantado y que va a votar por ella (no olvidemos nunca que Garci es uno de los pocos ejpañolej académicos). También ha añadido que Ben Affleck mide metro noventa, es guapo, ha ligado mucho, ha dirigido tres películas muy buenas, tiene un Óscar, escribe bien, está casado con una mujer estupenda y dirige de maravilla. Después de esto nada más podemos añadir.

Tuesday, January 29, 2013

El misterio de los candelabros

Ilustrando el post anterior, he aquí los personajes de "Los miserables" convertidos por obra y gracia de los genios italianos que escribían las revistas Disney de los 90 en patos, cuervos y lo que sean Patapalo y Trudy.   Las palabras "el forzado redimido" son en mi cabeza algo así como "marco incomparable" o "científico loco".



Jean Patojean, Hugh Jackman no tiene nada que hacer a tu lado:



Friday, January 25, 2013

Óscars 2013: Mi problema con Los miserables


Más allá de los años locos de la adolescencia –locos porque menudos premios, ¡Shakespeare in love! ¡El paciente inglés! Maldito Harvey Weinstein- nunca les he prestado especial atención a los Óscar, más allá del palmarés y la alfombra roja, aunque haya visto en ocasiones la gala y me empolle siempre todo lo publicado sobre nominados y premiados. Este año, sin embargo, con la llegada del podcast de La Sexta Nominada, estoy totalmente on fire siguiendo la carrera como si no hubiera un mañana desde los tiempos en los que se pensaban que la pobre Ana Karenina tenía alguna posibilidad. Así que estoy enganchadísima, sabiendo por supuesto que son unos premios absurdos en los que lo cinematográfico corre paralelamente y en el que la calidad y el verdadero talento no tienen por qué entrar en juego, planeando verme todas las nominadas para por una vez, tener una opinión fundada sobre algo, aunque siempre estoy muy a favor de opinar de todo sin tener ni idea de nada, que eran un poco lo que hacían los de La Sexta nominada, elucubrando sobre si tal actriz estaría nominada sin que se hubiese estrenado todavía su película en ninguna parte. Y como no hay nada más pesado que los antioscar y el fetiche de los premios y las listas es al fin y al cabo una cosa muy guay, empezamos a repasar las películas (nada promete que este repaso se quede aquí).

Los Miserables: Medio mundo la ama y medio mundo la detesta. Yo estoy un poco pueh; me aburrió por momentos, en otros disfruté mucho –porque con unos jóvenes muriendo por la revolución ya me entusiasmo- pero no terminó de convencerme. Vaya por delante que yo soy de rotundo sí al cine musical y que ya sabía de antemano el tipo de musical que era (me sorprendió que nadie en mi sesión abandonase la sala, que estamos en España y a la gente no le gusta leer subtítulos); de hecho le comenté a una amiga antes de ir juntas a verla “por cierto, creo que es todo el rato todo el rato cantando, que se parece más a una ópera que a un musical tradicional” y ella me dijo “bueno,  pero en el tráiler se les ve hablando”. He ahí el tema: que se elijan para promocionarla algunas de las aproximadamente diez frases de la película que no son cantadas. Ya lo decían en La Sexta Nominada, que en Europa muchas veces se promocionan las películas musicales obviando que lo son, ¿y esto qué es? Pues una vergüenza y un armarizante insoportable. También creo que hoy es imperdonable ir al cine sin saber muy bien qué es lo que vas a ver,  aunque luego esto da lugar a tronchantes anécdotas como la de la adolescente que contó que había ido a ver la película porque creía que era de miedo y luego resultó que estaban todo el rato cantando y ambientado en el año de la nana. Bravo por ella.

La historia es que para mí, perdóname Víctor Hugo, “Los miserables” siempre será el material con el que se hizo una de las historietas Disney mejores de la historia y, por ende, una de las mejores historias de la ficción occidental: “El misterio de los candelabros”, en la que Jean Valjean se convertía en Patojean, el forzado redimido, la prostituta Fantine desaparecía púdicamente y los Thénandier (Patapalo y Trudy) se asociaban con los Apandadores en una historia en la que los candelabros eran el símbolo de la redención humana y también la llave para encontrar el tesoro de Carlomagno. Tengo tan en la epidermis esa historia que hasta la cabecera de ahí arriba elaborada con mis hábiles conocimientos de Paint está tomada de una de las primeras viñetas. Aparte de las peripecias de los patos con los que aprendí más del mapa de París y de la historia medieval de Francia que con toda la EGB, mi otro acercamiento a Los Miserables fue con la película de Liam Neeson que, sin haber vuelto a ver en quince años, sigo recordando como muy recomendable. Desde luego en ella se entiende mejor la relación entre Valjean y Fantine –que en el musical queda casi obviada y de hecho cuando al final ves que el envejecido Valjean habla del espíritu de Fantine con amor te quedas un poco con la sensación de que te has perdido algo- y también el proceso de decadencia y caída de la mujer está mejor explicadito y resulta más conmovedor. Si cuando Uma Thurman empieza a prostituirse apareciese el  número de “I dreamed a dream” sí que hubiese llorado a lágrima viva, cuando en el musical, siendo como es una escena bastante perfecta y emocionante, con esos ojos enormes de Bambi de Anne Hathaway, es tan precipitada que no te da tiempo a haber empatizado apenas con ella. Y sobre todo reivindico la figura del Mario de Pontmercy de la primera película, un bellísimo joven llamado Hans Matheson al que parecía haberse tragado la tierra muchísimo más molón como héroe romántico que Eddie Redmayne, que muy bien, pero es FEO.

Muy bien haber grabado las canciones a la vez que los actores interpretaban; el escenario, quitando el barco del principio, un teatrillo de cartón piedra; el maquillaje, una cosa grotesca que no por pretender precisamente ser grotesca resulta menos grotesca; Éponine, al contrario que al resto del mundo, a mí no me gusta nada porque sus cejas están demasiado depiladas; Russell Crowe, que se defiende bastante digno, tiene algún momento que encuentro hilarante con ese tono que podría ser yo misma impostando la voz, y en concreto el minuto 1:50 de este vídeo me parece alta comedia. Además tengo que mencionar que cuando veía en los subtítulos esas traducciones un poco extrañas del texto original no podía parar de acordarme de esta entrada del tumblr “Poco más que bandas sonoras” en la que se habla de esa abracadabrante adaptación de la letra original, aparte de reconocer que aún a día de hoy, veinte años después de su estreno, me sigue pareciendo increíble todo el concepto de convertir una novela decimonónica de Víctor Hugo, más bien densita, en un musical para el teatro.

Pese a todo, me gustaría ver ganar a Anne Hathaway el Óscar a mejor actriz secundaria porque menudo disgusto si no lo consigue ahora que todo el mundo lo da por cantado, porque fue a un estreno sin bragas, porque está motivadísima y porque, sencillamente, sería muy bonito ver con un Óscar a la Princesa por Sorpresa.

Thursday, December 27, 2012

Y ahora algo completamente diferente

Y para completar el largo, largo, más largo que un día sin pan listado de películas para viajar,  aquí todo lo contrario: películas que nos recuerdan lo bien que se está en el sofá sin arriesgarse a lo desconocido. Aunque la lista podría ser el triple de larga, diez es un número redondo y realmente viajar es mejor que no hacerlo, créanme.