Monday, July 28, 2008

Mi dentadura postiza está rota

Yo, como cualquier persona de bien y con cierta consciencia a la hora de elegir a sus role models, leo Lector Constante por el simple placer de hacerlo y a veces también tomo nota. De su bellísima entrada sobre los cuentos de los hermanos Grimm (de los más guays junto a los Karamazov y los Lumiere) me entró la perra por leer "El psicoanálisis en los cuentos de hadas", y ahora que ya lo he hecho puedo deciros que si queréis tener hijos sanos emocionalmente capaces de superar el complejo de Edipo y la fase oral (que son las cosas más importantes que tenemos que superar las personas en esta vida, por encima de una violación o el final de la universidad), hay que leerles muchos cuentos de hadas. El niño pequeño no se da cuenta, pero en todos los bellos cuentos (cuánto más antiguos y menos edulcorados, mejor) se esconden enseñanzas y consejos que su inconsciente aprehende y podrá poner el práctica cuando lo necesite. Así, la madrastra siempre es en realidad la madre postlactancia y, como dijo la siempre bella y atormentada Djuna Barnes: "los niños sienten algo que no pueden decir: ¡les gusta que el lobo y caperucita estén juntos en la cama" Pues nada más que añadir. Igual es demasiado psicoanalítico para mi gusto y la época actual, y desde luego hay algunas interpretaciones que son bastante irrisorias, pero un buen rato se pasa y se aprenden cositas que uno creía que sabía pero que en realidad no sabía. Y como plus, sepan que los mejores y más útiles cuentos que puden contarle a sus niños son "La Cenicienta" y "La bella y la bestia", que tienen una serie de lecturas, símbolos, dobles, triples y hasta cuádruples significados más eficientes que 20 años de terapia. Olvídense de cosas tan chungas como que los cuentos de hadas son machistas o conservadores o cosas de esas como de sociata chungo. Hay que leer cuentos de hadas, y aunque en el libro no se vea con buenos ojos, yo digo que se puede y debe dejar que el niño vea feliz las películas de Disney (que como maricona que soy, aprecio con pasión). Y aunque tampoco en el libro se está a favor de los cuentos ilustrados, yo digo que unas imágenes de María Pascual nunca vienen mal, para que se vaya forjando una estética de plastidecor y espumillón bien linda que luego evolucionará, sin duda, hacia fealdades minimalistas mucho más "adultas".
Salto en el espacio tiempo: ahora nos encontramos en el pasado viernes por la noche ante el televisor, viendo en "Donde estás corazón" cómo Jaime Cantizano empieza a presentar a "una gran estrella de la televisión americana que ha visitado los más prestigiosos platós que bla bla bla" ¿Quién será? me pregunto yo mientras engullo unas rufles al jamón. Y hete aquí, lectorcitos míos, que traen a una mujer que rompe sandías con las tetas. Así, tal cual. Unas tetas gigantes, todo sea dicho, megaoperadas y megacaídas. La mujer se cogía una teta y ¡placa! atizaba con ella una sandía, partiéndola de inmediato por la mitad. Creí estar en 1993 viendo Telecinco. Y debo reconocer que era hipnotizante e increíble. Yo creo que no voy a olvidar en mi vida esa imagen, vamos, que como espectáculo, era un espectáculo total. Luego me he enterado de que ya salió hace un par de semanas en anarrosa, así que me imagino que esta mujer estará haciendo una tourné por los más prestigiosos teatros del país, igual amenizando los entreactos de la gira de "Hoy no me puedo levantar", que le pega mucho.

6 comments:

SisterBoy said...

Buena parte de los cuentos infantiles de aquella época eran advertencias contra los pederastas que también los había en los bosques de la Selva Negra

Vargtimen said...

Y hete aquí, lectorcitos míos, que traen a una mujer que rompe sandías con las tetas.

Me la pido.

W said...

Pues yo, que pienso que no hay que ver pelis de Disney ni de niño ni de adulto, vi ayer sin ir más lejos el jorobado de Notre Dame. Es como Perdidos, que contiene un poquito de lo mejor y muchito de lo peor.
Aunque estoy completamente de acuerdo con todo lo que dices sobre los cuentos de hadas, creo que lo único que puede aprender una persona viendo pelis de Disney es a lucir de esa manera que hoy en día se tiene por ser guapo y a hacer y pensar todo lo que te manden sin rechistar.

Ra está en la aldea said...

Precisamente la "tesis" de este libro es que los cuentos de hadas no hablan sólo de tener cuidado con los pederastas, de que la capa de Caperucita simboliza la menstruación o de (vale, esta, aunque obvia, no se me había ocurrido) que el zapato de Cenicienta es una vagina. Según el autor hablan de conflictos psicoanalíticos muy elaborados, como de pasar de odiar a tu madre porque ocupa tu lugar en el lecho de tu padre a identificarte con ella. De aprender que no es ella la impostora (la falsa princesa del cuento "Una verdadera princesa", el de Farala, el caballo parlante antecedente de Mr Ed), que la impostora eres tú. Que querer anticiparse al sexo y descubrir sus secretos antes de tiempo es muy malo. Y que las envidias más poderosas se dan entre hermanos del mismo sexo por la envidia del pene y la angustia de la castración.
Vale con lo de las películas Disney, pero aunque no se aprenda nada "bueno" con ellas, son iconos de la cultura popular y cualquier persona que no sepa cantar "Baho del mar" es un poco analfabeta funcional.

Deckard said...

Pues con eso de que el zapato de Cenicienta es la vagina me has matado. ¿Qué hace luego metiendo allí el pie o perdiéndolo por ahí? Podía hacer un número doble con la de las sandías.

Ingram said...

Yo también sigo su blog con entusiasmo, amiguita. Y eso que los textos sin justificar me hacen arder las retinas. Pero usted es bella y dice cosas formidables...