Saturday, December 12, 2009

Copiota

Copio y pego directamente una entrada que escribí hace más de dos años. Es trampa, sí, pero es que echo mucho de menos a Jardiel Poncela o, más concretamente, sus obras completas que están en casa de mis padres y que como ya se acercan las navidades, podré volver a disfrutar en breve.

Llevaba un tiempo deseando releer el prólogo que escribe Jardiel Poncela (my first, my last, my everything), para su primera novela, “Amor se escribe sin hache” (título que luego remedó el hábil José Luis Moreno para su “Humor se escribe con hache”), y ahora, al hacerlo, se me ocurren mil apostillas propias a sus afirmaciones personales, apostillas que por supuesto no ahorraré al paciente lector y procedo a detallar aquí, porque, citando a Heine como hace Jardiel en este mismo prólogo, “Siempre es divertido hablar de uno mismo”

“Mi esqueleto está proporcionado: doce grados menos proporcionado que “Apolo” y veinticinco grados más proporcionado que “Quasimodo”

Bien, a esto podría decir yo que “Mi esqueleto está proporcionado: doce grados menos proporcionado que la Venus de Milo y veinticinco grados más proporcionado que Christina Aguilera.”

Soy hábil para toda clase de trabajos manuales, incluido el trabajo de liar cigarrillos, aunque los compro siempre liados por Abdulla Co. Ltd. (Me gusta el campo, el arroz, los huevos fritos, las mujeres y el bistec con patatas.) No pruebo el pescado desde hace ocho años: no bebo vino ni licores y mis órganos funcionan con la exactitud de un funicular.

Lo de los trabajos manuales es extraño porque para algunos soy totalmente negada y otros, bueno, no es que tenga unas dotes especiales ni que sea muy brillante, pero los desempeño con razonable éxito. Por ejemplo: calceto, hago ganchillo, pinto (con brocha gorda y fina) y hasta bordo en ocasiones (todo ese tipo de cosas inútiles). Sin embargo soy totalmente incapaz de envolver un regalo de un modo decente y en cuanto a los arreglillos de casa creo que sólo sé cambiar una bombilla cuando está fundida. De vez en cuando me veo obligada a meterme en pozos en medio del monte para desatascar tuberías o encaramarme al tejado de mi edificio para arrancar las malas hierbas. No lo hago mal, pero siempre es bajo dirección materna, nunca por iniciativa propia. Tampoco se me da mal manejar una pistola de silicona, aunque soy incapaz de purgar un radiador. Jamás he intentado liar un cigarrillo y creo que estaría en la lista de las cosas que se me dan fatal. Me gusta el campo no excesivamente y a rachas; como de todo y soy una comensal muy agradecida que disfruta de cualquier cosa que le sirvan, excepto vísceras y ensaladilla rusa, y aún esta la como sin quejarme, sólo que nunca la pediría en un restaurante. Me encantan las sopas y cremas, la carne, la pasta, los pasteles de verduras y el chocolate. Bebo, sí (demasiado), de vez en cuando, y tengo bastante tendencia al estreñimiento.

“Nunca he padecido enfermedades repugnantes, esas enfermedades deshonrosas de que los hombres suelen hacer gala. Mi salud es perfecta, como la “Casada” de Fray Luis (que a mí no me parece perfecta)”

Huelga decir huelga general. Uy, huelga decir, digo, que jamás he padecido ninguna enfermedad repugnante de esas del coño. De hecho, salvo resfriados y gripes y así, la última enfermedad que tuve fue la varicela a los ocho años. Uh, bueno, hace un par de años tuve una leve anemia y hace un par de meses una gastritis por rellenar con demasiadas verduras mi falafel en un Maoz-buffet libre. Gordita que es una.

“Disfruto de unos músculos resistentes, aunque no se nota a primera vista, y no hay esfuerzo físico que los haya humillado. Con la mano derecha sostengo 101 kilos; con al izquierda, 56, y con la dos manos sostuve mi casa cuando he tenido casa puesta (Salto, corro, trepo y juego al ajedrez sin fatigarme. Me gusta subirme a la trasera de los automóviles y bajar de los tranvías en marcha, sobre todo cuando van “al nueve”

Yo soy una debilucha total y se me ve debilucha total. Bastante hago con arrastrar sofás varias manzanas hasta mi casa cuando queremos cambiar el mobiliario del salón.

“No tengo predilección por ningún color, como declaraban en las interviús los autores del siglo XIX, y puesto a elegir, elegiría el color esfrucis.”

Yo, como soy niña, sí que tengo color favorito: el azul.

“El hombre a quien más admiro, al que considero como el más importante del mundo, en el pasado y en la actualidad, es Charlie Chaplin (Charlot), verdadero genio de todas las épocas.”

El hombre al que yo más admiro eres tú. Antipoesía eres tú.

“Me gusta charlar, porque la charla es uno de los placeres más arrobadores que nos legaron los griegos; pero procuro charlar poco con grandes artistas para no embrutecerme”

A mí me encanta charlar, parlotear, conversar, monologuear, discutir y farfullar.

“Los animales domésticos me atraen, como atraen las playas de moda.”

Me gustan mucho los animales, los que más los perros, pero reconozco que son un coñazo. Aún así, ¡les quiere uno tanto!

“Detesto a las personas (escritores, filósofos o barrenderos) que denigran la época presente y la humanidad presente para exaltar otras épocas de la Historia. (Todas las épocas de la Historia son iguales, aunque sean distintas. El hombre actual es tan bestia y tan perverso como el que oyó gruñir en el Parlamento a Pi y Margall o como el que vio entrar en Toledo a Alfonso VI o como el que dibujó mamuths en la cueva de Altamira. Y en cuanto a nuestra juventud futbolística no es más ni menos estúpida que la juventud que bailaba en la Bombilla con el hongo puesto o la que jugaba a la morra en los anfiteatros romanos.)

No puedo estar más de acuerdo con este texto y de hecho doy muchas veces el coñazo diciendo “porque como dice Jardiel Poncela “todos los hombres son igual de estúpidos bla bla bla...”

Viajar me seduce. Con la sola presencia de un tren, me abraso con la impaciencia de irme a algún sitio. (A veces, también me abraso con el cigarrillo)

Viajar me gusta mucho, pero a veces me da una pereza... como casi todo en la vida, la verdad, que me da una pereza bárbara. Necesito que me empujen o que vayan delante de mí, así ya me animo y hasta me entusiasmo.

“Respecto a los grandes problemas del más allá, tengo ahora ideas que no se parecen en nada a las que tuve en un principio. (...) Entonces, la contemplación de un cadáver me hundía en profundas meditaciones, y me hacía preguntas, y me imaginaba respuestas, e incluso creía ver, en el vidrio entelado de aquellas pupilas, reflejos misteriosos de Regiones Inaccesibles. Hoy contemplo un cadáver y no se me ocurre decir más que:

_Está muerto.”

Tal cualito, mi adorado Enrique (ah, ¿se puede ser más cursi?)

Almuerzo y como en restaurantes, y con el tiempo, merced a ese método, formaré en las filas de los hiperclorhídricos”

Me gustaría comer en restaurantes mucho más de lo que lo hago, todos los días no, que aburre. Eso sí, desayunar todos los días fuera de casa me encantaría: zumito de naranja y café con leche con bollo.

“No entiendo una palabra –ni una nota- de música. Por ello, me gustan las melodías cursis, los himno ramplones y los pasodobles ratoneros. (El lector comprenderá en seguida que me seduce la música de Alonso.)

Yo tampoco tengo ni idea de música. Me gusta la música de viejos parrandera, tipo los tangos y las rancheras, las canciones yeyé y Kylie Minogue. Una de mis canciones favoritas, en plan feel good, es “Ray of Light”, de Madonna, y con eso creo que ya está dicho todo. She's got herself a universe y tal.

Me canso de apostillarle cosas a Jardiel. Mejor actualizo ya que esto se alarga, no sin antes copiar la siguiente

NOTA IMPORTANTE _La cita de Heine con al que ha encabezado el prólogo no la escribió nunca Heine. La he escrito yo, y he puesto debajo el nombre de Heine como podía haber puesto el de Landrú.

5 comments:

SisterBoy said...

Vaya parece un memo ¿podemos cogerlo como memo?

SisterBoy said...

¿O se decía meme?

Vargtimen said...

Pues es verdad que parece un meme. Coincido contigo, Ra, en que para los trabajos manuales soy un inútil total, un peligro público, una amenaza para los demás y para mí mismo. Ni sé envolver un regalo ni siquiera doblar la ropa. Todo se me cae al suelo al menos dos veces, y preferiblemente si es muy tarde o muy temprano y los vecinos de abajo están durmiendo. Por eso intento estar el mayor tiempo posible de brazos cruzados y esperar que me lo den todo hecho.

Arual said...

En su momento no leí este post por eso me ha encantado que lo hayas recuperado.
Yo he empezado a mejorar en trabajos manuales desde que tengo a mi hijo, ya sabes poner pañales, doblar la ropita con cuidado, jeje!!

A said...

Tanta genialidad junta es que no se puede aguantar!!!