Tuesday, December 18, 2007

La evaluación

Seguro que todos mis lectores recuerdan las primeras frases de Matilda en las que Roald Dahl se dedica a fantasear con escribirles a los padres de sus alumnos (o compañeros de clase, que nunca lo he tenido muy claro) unos vehementes comentarios con las opiniones que realmente le merecen sus hijos. Esta semana me he acordado mucho del siempre sabio Roald. Así, en lugar de chorradas como “X es un poco desobediente” o “Z ha mejorado mucho su manejo del cuchillo y la servilleta desde el comienzo del curso a hoy”, he fantaseado mucho con:

“Su hijo va directamente al frenopático, si es que no muere en un reyerta callejera a los doce años.”

“Parece que la forma natural de expresarse de A. es mediante llantos”

“A su pequeña D le daría cuanto antes una charla completa sobre métodos anticonceptivos, porque a sus siete años manifiesta unas ganas tremendas de que la follen.”

“P es maricón. Y completamente gilipollas.”

“No sé qué tipo de comida le hacen en casa a N, pero sólo parece conocer dos técnicas culinarias: el frito y el rebozado.”

“J dice no conocer el significado de la palabra “obedecer”. Y ciertamente su comportamiento lo confirma.”

“La solución para que su hija N deje de estar gorda no es ponerla a dieta, es hacer que mueva el culo”

“Por favor, cómprenle a A una buena provisión de kleenex y enséñenle a usarlos, porque se alimenta casi exclusivamente de mocos.”

¡Y lo peor es que es verdad, TODO es culpa de los padres!

5 comments:

Lindamariposita said...

Pero pasado el tiempo te los encuentras en el metro, meses después de dejarlos con tus nervios a flor de piel y casi al borde de la histeria, sonriendo con esas caritas bobaliconas, sólo te acuerdas de las cosas buenas. Aunque ahora seas incapaz de creértelo, porque eso sólo pasa cuando los has dejado bien atrás. Y para siempre.

Vargtimen said...

Ay, quien pudiera expresar su opinión sin tapujos en el trabajo. Yo a veces fantaseo que tengo un botón debajo de la mesa como el señor Burns y que al pulsarlo se abre una trampilla debajo de la silla del paciente y sus familiares y se van todos a tomar por... Pero sólo a veces.

gabbo said...

Bueno, ¿y qué si N sólo come fritos y rebozados? Merecemos el mismo respeto que los demás mientras no hagamos daño a nadie.

W said...

¡Bravísima!

SisterBoy said...

Drogales