Friday, November 19, 2010
If we don't, remember me
Friday, October 29, 2010
Josie, Snookie y la infanta Helen
Una ola de trabajo me mantiene apartada del ocio y el holgar (por suerte mañana hago un impasse obligatorio para irme a Frankfurt), aunque la tele que me crió siempre me acompaña. Esto es lo que tengo que decir de la programación televisiva de esta temporada:
- Se ha acabado Jersey Shore y mi corazón llora lágrimas de amor, como decía Carlos, de la llorada primera edición de Granjero Busca Esposa. Quien no sepa qué es Jersey Shore, puede encontrar una explicación aquí (por cierto, cómo me gustan los blogs de trending topics y este de pop etc de El país; a mí y a todo el mundo, que cada vez veo más reseñas en telediarios que juraría que han fusilado directamente de ahí). Jersey Shore es lo que debería ser Mujeres Hombres y Viceversa: los tronistas y a su recua de extraños seres vagando libres por La posada de las ánimas con un par de cámaras detrás para así no perdernos ni gota de sus andanzas, sus rollos, sus cuernos y sus bullas. Nada de platós ni de pruebas ni zarandajas, sólo “la vida en directo”. Tenía algo adictivo Jersey Shore que no sé muy bien cómo definir. Debe de ser la atracción por el abismo transformado aquí en tupé engominado o en hipnótico movimiento de las tetas de Jenni Wowww. O la presencia de Mike “The situation” y los graciosos e ingeniosísimos, dignos de Woodehouse, juegos de palabras que hacía con su mote. O ese poder hipnótico que tenían sus conversaciones, que eran cualquier cosa menos conversaciones porque no hablaban de ningún tema, no se decían nada, sólo se picaban, se puteaban, se roneaban, lanzaban frases hechas o comentarios tipo “qué peras, macho”. O esos aluflipantes bailes que se marcaban en locales como el Karma, llenos de gente de extraño y sudoroso aspecto. Estoy echando mucho de menos Jersey Shore. Ojalá estrenen pronto la siguiente temporada.
- Hablando de Jersey Shore, muchos hurras por la recién democratizada MTV. El regreso a mi vida de “Super sweet
- Este año, Gran Hermano NO.
- Ha acabado también la miniserie de Felipe Letizia, unánimemente considerada ya la comedia del año. Qué jartá de reir se ha pegado la gente a costa del guión, de los actores y del acento de Juanjo Puigcorbé (para mí conseguidísimo, en la línea de Fuentes cuando aún no era insoportable; las próximas veces que vea al Rey me costará no confundirle con el Rey-personaje interpretado por Puigcorbé). Aún dura la rechifla general. Por mi parte, yo casi muero del violento orgasmo que experimenté cuando el secretario -¡interpretado por Juan Cuesta!-, le dijo a la Reina Sofía “Majestad, le recuerdo que la semana que viene tenemos en Baden-Baden la reunión anual del Club Bilderberg y luego la entrega de los despachos en Marín”. Aplausos de gozo, reverencias de admiración.
- Y no dejo de recomendar la maravillosa, la obra de arte absoluta que es El armario de Josie. Cada día me cae mejor, me parece brillante, inteligentísimo, me encanta lo creativo que es con el lenguaje (“orgullo de bráckets” me llegó al corazón), lo simpático que es, río con sus chistes y disfruto muchísimo cuando en algún programa envían a una guapa-pero-lista reportera a reírse de él y al final él logra enmendarle la plana y dejarla sorprendida. Es listísimo Josie, sabe de todo, tiene respuesta para todo, conoce el arte del saber estar y además su programa termina con una escalofriante imagen de Josie balanceándose en una mecedora entre la penumbra. ¿Qué más se puede pedir?
Wednesday, October 06, 2010
Un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa
Trabajar en casa te proporciona (entre otras muchas cosas de las cuales la mejor y nunca suficientemente alabada es poder levantarte a las diez de la mañana) un superávit de energía y vitalidad que de algún modo hay que canalizar. La fuerza que normalmente se gasta en levantarse, meterse en el metro (esa fuente de gérmenes, contagios y enfermedades; el metro es a la vida adulta lo que la guardería es a la infancia) y estar en una oficina infecta diez horas, deja de gastarse y se queda contigo para que la emplees en algo de provecho o la tires por la borda. Naturalmente yo la tiro por la borda y la invierto en obsesionarme por cosas que de otro modo ocuparían solo un trocito de mi tiempo. Y mi obsesión del momento es, ahora mismo, “Orgullo y Prejuicio”.
Cómo me ha molado Jane Austen. He aplaudido, lanzado grititos, me he emocionado como una chiflada decimonónica mientras decía “¡carta de Darcy!” o “vuelve Bingley!”. He gozado como marrano en un charco con esas cosas que ahora no se pueden decir por aquello de lo políticamente correcto –aunque se sigan pensando- pero entonces sí, como que tienes una hija favorita o un hijo al que quieres menos que a todos los demás, o que hay que intentar casarse con alguien con dinero y que la pertenencia a diferentes estratos sociales pueden arruinar a una pareja. Tanta pena me daba dejar a los personajes de la novela que me he puesto a ver la serie que hicieron los de la BBC (que cuando se ponen a hacer las cosas bien no hay quien les gane, y todo en seis capítulos, quién necesita más) en 1995, y que contiene, para gusto de todos, un montón de escenas de Mister Darcy descamisado, sudado y despeinado (algo que en la novela no viene, no, pero que los espectadores -aunque románticos también hambrientos de carnaza- agradecemos). Y del Colin Firth que dio vida a Mister Darcy en esta serie hay un paso a acordarse de “El diario de Bridget Jones”, un libro divertidísimo y muy inteligente que creo que no ha sido suficientemente valorado, etiquetado con esa cosa tan fea que es “literatura femenina” o “literatura para mujeres” y que se emplea para referirse a horrores coñacísimos (jojo) como Marian Keyes o Johanna Lindsey. Ahora que he leído la obra original puedo apreciar del todo la estupenda reescritura del clásico que hace “El diario de Bridget Jones” (de igual modo que “Crueles intenciones” era una estupenda versión de “Las amistades peligrosas” o “10 razones para odiarte” de “La fierecilla domada”, y aquí no hay ni pizca de ironía posmoderna). Y en la escena al final del libro en la que el abogado Darcy aparece mojado y descamisado para desfacer el entuerto de la delincuente madre de Bridget veo a una Helen Fielding enamorándose poco antes, como media Inglaterra, del Colin Firth actor saliendo del lago interpretando al Darcy caballero de principios del XIX -escena de la que él jamás podrá desligarse-, y decidiendo escribir su propia versión en un Londres de final de siglo, y más allá a Jane Austen en su casita de la campiña ruborizadísima si algún día supiese que su muy puesto señor Darcy iba a dar pie a esa escena, bastante inocente pero lúbrica al fin y al cabo. Y ahora que he leído “Orgullo y prejuicio” y visto la serie ya no sólo entiendo, sino que comparto el ensoñamiento romántico de Bridget al imaginarse a “su” señor Darcy diciéndole “mi muy querida y hermosa Bridget” (en vez de “Elizabeth”), y veo la metaliteratura y la inspiración y el homenaje, y me gusta todavía más el libro de Jane Austen, el de Helen Fielding, Colin Firth y toda la pérfida Albión.
Wednesday, September 22, 2010
El rural y la televisión son mundos paralelos
Emerjo de mi letargo postvacacional para dejar constancia de unas reflexiones que me han venido a la cabeza con el salto al estrellato (bueno, estrellato dentro de lo que ofrece la cadena cuatro, que no es lo mismo que estrellato dentro de telecinco, desde luego) de Pedro, participante de la tercera edición de Granjero Busca Esposa y revelación indiscutible del programa.
Entiendo perfectamente la popularidad de Pedro: es graciosísimo, no para de lanzar frases antológicas, es sencillo, inteligente, rápido, agradable, amante de la jota y la canción popular, tiene 27 años pero se expresa con expresiones preconstitucionales y tiene una dicción, una entonación y un deje al hablar inimitable, hilarante y enternecedor. Cae bien en cuanto le ves dos minutos hablando y podría ser el amigo de todo el mundo. Si no le conocen (no sé qué hacen leyendo esto, cualquier persona que se tenga por tal debe seguir Granjero Busca Esposa con pasión y aplausos) están a un click de enamorarse.
Total, que Pedro es una estrella (si los de cuatro tuviesen vista harían un reality exclusivamente de Pedro, veinte minutos semanales en su vida, siguiéndole en sus quehaceres y en sus ratos de ocio, dejándole hablar y siguiendo sus relaciones con sus amigos y vecinos; podría ser mejor incluso que El armario de Josie, otra genialidad que no se les puede escapar aunque la emitan en Antena Nova. Viva Internet) y lo están paseando por varios programas de Cuatro. Y yo me quedo un poco a cuadros porque la gente se pregunta si esta persona es real o está fingiendo, pero no en el plan en el que se duda siempre de la naturalidad de los concursantes de los realitys, que si actúan ante las cámaras y todas esas zarandanjas, sino que dudan porque no les cabe en la cabeza que una persona de 27 años se exprese así y le gusten las jotas. En mi adorado Arucitys (el programa de Arús en 8tv sin el que mi vida sería mucho más triste y aburrida) comentaban asombrados que en otro programa (qué lío de vídeos y metatelevisión) le preguntaban a Pedro qué quería decir “esa chica es muy recia” y él respondía, muy atinado “recia es lo que sería en moderno borde”. Y se tronchaban y no podían concebir que alguien encontrase la palabra “borde” algo moderno. Y yo no sé en qué mundo viven, la verdad, no sé de qué gente se rodean y si es que todos somos tan urbanitas y posmodernos que nunca hemos hablado con alguien de campo (de aldea, cojones), alguien mayor de 60 años o uno de esos especímenes que son los niños criados por sus abuelos. No concibo que extrañe y llame la atención la forma de ser y de expresarse de mucha gente normal, porque son normales, no raros payasetes a los que definir con la palabra “friqui” (palabra que define mucho más al que la dice que al que la recibe). Asombra y crea estupefacción que sea capaz de combinar el ser cabrero con tener una página web. Seguidamente la siempre sexy y elegante mujer de Arús decía sobre Pedro “claro, este chico lleva tanto tiempo sin mojar…” pues me resulta mucho más grotesco y antinatural el ver a una persona de más de cincuenta años utilizando “mojar” en ese sentido, en plan chica contemporánea y actual, así como divertida, dominando todas esas expresiones en sus nuevas acepciones que ver a un chico de un pueblo de Zamora diciendo cosas bien bonitas con un español vivo, brillante y de verdad.
Thursday, August 19, 2010
El Gran Pánico
Thursday, July 22, 2010
¿Qué pasa con Mad Men?
Pues pasa que es una serie tan buena, tan buena, que nadie lo puede negar. Exuda calidad por cada píxel/cada fotograma/cada pulgada de celuloide. Deberían darle directamente todos los premios a mejor guión, mejor vestuario, mejor fotografía, mejor dirección de arte, mejor maquillaje, todo, los Emmy, los Oscar, los de la asociación de críticos de los Nueva York, todos los del mundo. Aunque no te guste la serie es un hecho, no puedes dejar de reconocer la calidad. No es mi caso, a mí me encanta. Encanta no es exactamente la palabra, digamos más bien que me absorbe, me ensimisma, me mesmeriza, me hipnotiza. Me mete en un estado cataléptico del que me cuesta mucho salir. Nunca una aplicación de una web fue tan real.
Pasa que crea la sensación de que es la puritita realidá. Los primeros años 60 parecen más de verdad en Mad Men que cuando ves “Pijama para dos”, “El apartamento” o “Tú a Boston y yo a California”. Esta sensación obviamente tiene que ser irreal porque “la verdad” (jojo) no se puede aprehender en una película ni en una serie ni en una fotografía (el medio lo modifica todo, ya lo sabemos), pero hay al algo admirable en que una serie nos parezca más cercana a la realidad de hace 50 años que las obras que se crearon en su momento. Compárese, sin ir más lejos, con los resultados obtenidos por “Cuéntame cómo pasó”. No hay color, porque esa sensación de veracidad tiene que ir más allá del cardado del moño de temporada.
Pasa que, como estás muy metido en la historia, a veces pierdes la perspectiva pero una escena repentina te hace abrir los ojos y darte cuenta de cómo han pasado los años y de las vueltas que da la vida: el ginecólogo que atiende con un pitillo en mano a las pacientes y les recomienda “no ser demasiado putita” del primer capítulo no te sorprende mucho porque sabes que vas a ver una serie ambientada en los 60 y te esperas esas cosas, pero cuando ya estás metidito en la historia de repente una escena aparentemente inocente te flashea: Don Draper, el protagonista, está de picnic con su familia en un campito muy bonito. Terminan de comer, él le da un último trago a su bebida y clash, la tira en medio del césped. Su mujer recoge los cubiertos y platos y se pone a sacudir la manta de cuadritos sobre la que han comido, desperdigando todos los papeles, plásticos y restos de comida en ese mismo campito. Se meten en el coche y se van. Toma ya conciencia ecológica (aunque esa misma escena tiene lugar cualquier domingo en cualquier playa o prado de España, por muy 2010 en el que estemos).
También pasa que, más allá de la gracia de ver los años 60 desde los ojos de hoy, los personajes son lo que más importa, y ahí ya no hay treguas. Todos están sumidos en un coma emocional paralizante. ¿Qué pasa con Don Draper? ¿Cómo es que le consideramos un hombre íntegro con el historial que tiene? ¿Es un mentiroso compulsivo? ¿Es la perfecta representación del hombre americano, totalmente hecho a sí mismo? ¿Y Betty Draper, metáfora de tantas cosas, la mayoría malas? ¿Qué es esa insatisfacción perpetua? ¿Es que simplemente se aburre? ¿Es la representación más bella y rubia del hastío del ama de casa? ¿Todos sus problemas son que lo tiene todo y no sabe lo que quiere? ¿Existe amor en Mad Men o todo se reduce a sus variantes de sutil interés, matrimonio o ganas de follar? ¿Y Pete Campbell, puede haber un personaje más odioso? Y sin embargo no le odiamos. ¿Y Peggy Olson, se supone que es la persona en la que deberíamos identificarnos las mujeres contemporáneas trabajadoras y todo eso? Si es imposible identificarse con alguien que está tan recubierto de soledad y de silencios, que te pasas todo el rato pensando qué nos quiere decir ella, qué nos quieren decir los autores. ¿Por qué tengo la sensación de que uno de los personajes más interesantes es Sally, la hija pequeña de Don y Betty?
Pasa que la cuarta temporada empieza en una semana, a finales de julio, y no me parece nada apropiado. Mad Men no es una serie para ver en verano, porque ver a gente vestida con impecables trajes y camisetas interiores de lana cuando estás a 30 grados no es lo más agradable. Mad Men habría que verla en invierno, tapado con una manta, a poder ser bebiendo y fumando (qué ganas de fumar da esta serie, me las da a mí que no he fumado en mi vida, no me imagino lo que tiene que ser para un exfumador), y con una porrada de capítulos seguidos para ir entrando en un clímax que te deja con la cabeza embotada, incapaz de articular palabra sobre tus sentimientos, en un total y absoluto coma emocional.
Tuesday, June 29, 2010
La dieta del pan con pan
Saturday, June 12, 2010
Cosas que han pasado desde mi última actualización
Sunday, May 23, 2010
Que vienen las suecas
Friday, May 14, 2010
La autobiografía de Antonio Ozores
Friday, April 23, 2010
Solo somos niñas adultas, cielo, que se muestran impacientes por que llegue pronto la hora de acostarse
Los dibujos de Melinda Gebbie no me vuelven loca, pero la historia de Alan Moore tiene la fuerza de siempre. Los clásicos tienen infinitas lecturas e interpretaciones, pero después de este libro, para mí El mago de Oz habla del complejo de Edipo, Alicia de la bipolaridad y de la locura, y Peter Pan de pederastia y de miedo al sexo. Y todo lo que se salga de ahí serán versiones incompletas y poco valientes.
Wednesday, April 21, 2010
Tener una vagina
Wednesday, April 14, 2010
Nostalgia, iconos y rubias
Y lo anuncian con un spot donde salen imágenes de hace 50 años hablando precisamente de lo malo que es anclarse en el pasado.
No sé... es como el "doblepensar" de 1984."
Tuesday, April 06, 2010
No aguanto más
Monday, March 22, 2010
La mugre y el amor verdadero
Wednesday, March 03, 2010
Una historia cultural del horror
Como soy una mujer muy ecléctica, muy Sonia y a la vez Selena (¡hola Vargtimen!), estoy combinando la lectura de “Monster Show” con la biografía de Tita Cervera que una amiga ha tenido a bien regalarme. El primero es un ensayo (prácticamente ya sólo leo ensayo, como un joven con el que tuve un affaire hace ya muchos años y que estaba rematadamente loco y al que ahora imagino con la bandera de Palestina tatuada en el pecho o en la selva de Brasil dedicado a criar a pequeños clones de Hitler, demostrando que el verdaderamente ecléctico –Sonia y a la vez Selena- es él y no yo. Cuando en su día me dijo “es que yo sólo leo ensayo” pensé “pero menudo pedante de mierda”; ahora me veo en su lugar, lo que demuestra que todos maduramos y que, por ejemplo, lo que antes se nos antojaba un plan deprimente para un sábado por la noche, ahora es lo más cercano al paraíso que podamos concebir). Pues decía, antes de irme por las ramas con las digresiones, que el primero es un ensayo sobre cine de terror y su relación con los miedos de cada sociedad, haciendo unas reflexiones muy chachis sobre la guerra de Vietnam y “El exorcista” o sobre “La semilla del diablo” y los bebés de la talidomida (terrorífica historia real sobre un medicamento que hacía que las mujeres pariesen monstruitos), o sobre cómo la píldora trajo la revolución sexual, sí, pero también la sexificación total de las mujeres, que de ahora en adelante, en el mundo post-revista Playboy, debían ser siempre atractivas gracias a la cirugía y estar siempre sexualmente disponibles gracias a la píldora y a los médicos-armas de la sociedad falocrática que la crearon (y yo, tras ver anuncios como ese horrible e insultante de corporación dermoestética en el que una niña dice que estaba deseando cumplir dieciocho años para poder ponerse tetas, estoy cada vez más de acuerdo). Además está publicado en la colección “Intempestivas” de Valdemar, dato que debería ser suficiente para que nos abalanzásemos todos a la librería sin orden ni concierto.
El segundo libro es una biografía de Tita Cervera y demuestra que sus memorias, que yo leí religiosamente por entregas en el ¡Hola!, eran, como decía Karmele, “desmemorias”. Leyendo esto me acuerdo mucho de las “Memorias de Pitita”, escritas por ella misma y que cuando yo fui a comprar, el librero me dijo con los ojos muy abiertos: “Te lo envuelvo para regalo, ¿no?”. Muchas veces este tipo de libros escritos por famosos y publicados por Temas de Hoy son sospechosos de ser escritos por, ejem, no por el autor precisamente, sino por un buen negraco que se ha dedicado a recopilar los inconexos recuerdos del famoso de turno, sus opiniones sobre el arte del ligue o sobre la vida de los y las solteras de 30 años en el confuso mundo actual. Pues, bien, creo poder poner la mano en el fuego sin miedo a quemarme para asegurar que las memorias de Pitita (que no de Tita, qué lío de diminutivos) las escribió ella, porque ese estilo particular de redacción, esa forma delicadísima de pasar sobre temas como la guerra civil o el gobierno dictatorial de Filipinas, esa cadencia al escribir como de redacción de segundo de BUP (o de octavo de EGB), son inimitables. Con Tita apenas voy por su matrimonio con Espartaco Santoni, así que aún queda mucho por rascar, pero me parece que estoy elaborando una teoría muy fundamentada sobre por qué la gente con mucho, mucho dinero, trata a sus mascotas como miembros queridísimos de su familia, dedicándoles páginas en sus memorias e incluso saliendo con ellos en las portadas. También tiene que ver con ser rico de nacimiento o no, así que los ejemplos de Pitita y de Tita son paradigmáticos. Las conclusiones, en breve.
Tuesday, February 16, 2010
Perico Espasa
Estos días aprovecho para releer por enésima vez a mi adorado, idolatrado y nunca suficientemente ponderado Enrique Jardiel Poncela. Y pese a saberme ya de memoria TODO, no dejo de asombrarme y maravillarme ante cada frase y giro chiripitifláutico del idioma empleados y ante el aroma a antigualla de principios del siglo XX que emanan sus obras, desde "El naufragio del Mistinguett" a las "Lecturas para analfabetos" (nota mental: recordar ir a ver al teatro "Angelina o el honor de un brigadier", que creo que llegará pronto a Barcelona).
Así que, enfrascada en la relectura de "
SE ADQUIEREN DATOS DE PERICO ESPASA Y DE SU CARRERA PERIODÍSTICA
(En realidad se llamaba Pedro Cadafalch, pero medio Madrid le conocía por “Perico Espasa”, nombre de guerra al que se había hecho acreedor por cinco razones, a saber:
1ª Porque hablaba de todo sin profundizar demasiado en nada;
2ª Porque algunas veces daba detalles extraños de las cosas;
3ª Porque cuantos se acercaban a él lo hacían para informarse de algo;
4ª Porque había venido de Barcelona, y
5ª Porque era un poco pesado.)
Otro detalle le caracterizaba: un detalle íntimo. Un detalle difícil de expresar. ¿Cómo lo diremos?...
Lo diremos de un golpe:
“Si Perico Espasa hubiera tenido que elegir entre una mujer y un ingeniero agrónomo, hubiera elegido al ingeniero agrónomo.”
¿Queda entendido?
EL LECTOR: -¡Desde luego!
Perico Espasa se había apeado del tren –procedente de Barcelona, como las sardanas y el betún “Servus”- hacía ya quince años.
(Ahora tenía treinta y siete).
Rodó por los cafés, las bibliotecas, los periódicos y las editoriales, y Perico Espasa empezó a sospechar que el triunfo literario en Madrid era lento, y conseguir la vida brillante con que soñaba, por medio de
A los diez meses de “lucha”, únicamente había logrado colocar y cobrar un artículo: 5 duros.
Reflexionó. Y acudiendo a los números, merced a esa contumacia guarísmica propia de los biznietos de Roger de Flor, se planteó la siguiente “regla de tres”:
Si en conseguir 25 pesetas he tardado 10 meses, en conseguir las 150.000, que es mi cifra, tardaré x.
De donde resultaba que x era igual a 150.000 x 10/25
Hizo las operaciones y le resultó que, para conseguir por medio de
60.000 meses,
los cuales, reducidos a años, daban la cifra de
5.000.
Entonces Perico Espasa que, a pesar de su temperamento optimista, nunca había pensado en vivir 5.000 años, se dijo:
No es negocio.
Y renunció a
(…)
Había nacido, indudablemente, para el periodismo.
Rápido y ágil, a pesar de sus ochenta kilos, era capaz de escribirse cinco docenas de cuartillas narrando un suceso con el que cualquier otro sólo hubiera podido escribir seis líneas o contar en seis líneas el acontecimiento que nadie hubiese podido contar en menos de cinco docenas de cuartillas. Interviuvador generoso, en todas sus interviús les hacía inventar algo divertido o interesante a sus interviuvados, para lo cual utilizaba un procedimiento infalible: inventarlo él mismo.
Era, en suma, uno de esos periodistas cien por cien, que llegan a los incendios antes que los bomberos, y a la catástrofe ferroviaria antes que el tren de socorro, y a la casa del crimen antes que el asesino.
Había hecho cosas extraordinarias. Por ejemplo: con motivo de un gran affaire de las finanzas yanquis, había descrito maravillosamente la ciudad de Nueva York sin disponer para ello de más documento de consulta que un plano de Cáceres.
Total: quince años de éxitos.
Y la popularidad máxima.
Al año decimoquinto fue nombrado director de
El Conde de Carr había muerto. Todo el pasado no era ya más que eso: pasado. Y cuando sonaba el nombre de Perico Espasa, los comentarios eran de color de rosa:
- Un gran periodista…
- Un cerebro…
- Un hombre encantador…
- Y ágil… Y preparadísimo…
- Y muy europeo…
(En fin: las idioteces que suelen decir las gentes para elogiar.)
Monday, January 25, 2010
A la que nunca usó bragas las costuras le hacen llagas
La temporada televisiva ha estado al pil-pil. A tres días del final de Gran Hermano 11, le perdonamos a regañadientes que una edición tan buenísima tenga semejantes finalistas tan pan sin sal (aunque Pilarita otra cosa no, pero sal tiene para rato), y echamos la vista atrás para recordar los grandes momentos con los que nos ha obsequiado desde su inicio, momentos grandes y maravillosos precisamente por lo inesperado, no sólo por chorradas tipo “pareja que tiene que fingir que no lo es” o “desconocidos que tienen que fingir que son pareja”, sino por cosas que yo creo que escapaban del alcance de los responsables de cásting y de los guionistas. La emoción de lo inesperado en forma de vaso con hielos. Esta edición ha sabido mantener el interés casi hasta el final, así que, por lógica aplastante, la del año que viene será un rollo. Yo, para el resto de mi vida, recordaré siempre el diálogo en el que Arturo (personaje indescriptible que quería ganar la edición para montar un puesto de batidos ecológicos en San Sebastián ¡!) le hablaba a Hans de su pasado como militar en un cuerpo de élite seguramente chunguísimo y similar a los marines. Le decía: “Porque claro, yo estaba aburridísimo en mi casa y dije, pues hala, a viajar, y gracias a eso he vivido un montón de cosas increíbles. ¿Cuándo iba yo a poder dormir en un iglú? Pues gracias al ejército yo he montado mi propio iglú y he dormido dentro. ¿Cuándo iba yo a poder poner una bomba? Hombre, soy vasco, pero…” Ya sólo por este toque de humor descacharrante y finísimo, Arturo se ha ganado un puesto en mi corazón (además de por el poema que le escribió a Carol, claro, uno de cuyos versos era, no lo olvidemos, “como un adicto a la coca”).
La segunda edición de Granjero busca esposa (ahora imposible decir esas tres palabras sin entonarlas como la canción indie que se sacaron de la manga como sintonía del programa) ha tenido unas entregas bastante flojas y aburridas, pero nos ha dejado un primer y un último programa que son oro puro y de los que, sí, como del cerdo, no se desperdicia nada. Ese final de la pelea familiar de Natalia y su familia con las voces en off y la imagen del caserío de fondo pertenece ya a los anales del costumbrismo y el carpetovetonismo a un nivel digno de “Los santos inocentes”. Y una mención especial para la pelea a hostia limpia de los Vitis, gemelos cuarentones salidos directamente del infierno. ¿Qué es esto? ¿Qué es esa imagen? ¿Quiénes son esas personas que cantaban “Tenía tanto que darte” vestidos con camisetas de Levis? ¿Y ese odio soterrado con el que se miran? ¿Llevan dentro la simiente de la guerra civil? ¿Puede haber algo mejor que ese “Olvídate de mi cara” que le dice un gemelo a otro?
También recordaremos la segunda edición de Pekín Express (ese prodigio del montaje) por ser la de Alazne y Meritxell, por traernos el concepto “amigos rurales”, y por deleitarnos la vista con los Merinos, policías de Coslada ¡! armados Fran con sombrero vaquero y Merino con su cara de jabalí, hecho este último que puedo considerar una de las cosas que más admiro y más me gusta en un hombre: la cara de jabalí.
Curso del 63 fue un extrañísimo invento de Antena 3 que tuvo un éxito inesperado –para la misma cadena- debido a lo absurdo de la propuesta y a la total improvisación que parecía guiarles y que hizo rematar el engendro cuando más audiencia tenía. En la misma línea,
Para limpiarme un poco los colmillos y no seguir hablando de ese horrible programa que me pone de mal humor, termino ya con una cosa maravillosa y absolutamete mirar al abismo y que el abismo te devuelva la mirada: el calendario de “Mujeres, hombres y viceversa”. Atención al desfile de ubres gigantes, pezones que parecen fichas de jugar a las damas o nuditos de globos y, lo que más me sorprende de todo, esas insinuantes rajas de culo masculinas que se muestran con los pantalones a medio bajar. ¿Esto es sexy? ¿Se supone que estos hombres son heterosexuales y que esto va dirigido a un público hetero? ¿No es esa portada de un joven tronista o pretendiente con el paraguas la cosa más gay que han visto en años?